La gran mayoría de guatemaltecos ha ido cayendo en el tradicional simplismo. El problema de la falta de educación en nuestra sociedad, con eso de la reforma educativa impulsada por el gobierno actual, que no trata de otra cosa sino de impulsar una mejoría en la calidad educativa que se imparte en los establecimientos tanto privados como públicos, ha ido cayendo en la costumbre chapina del estira y afloja, la confrontación entre bandos o de los simples dimes y diretes.
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Nada más equivocado e insubstancial para quienes deseamos que nuestro país salga del estancamiento generalizado en que nos encontramos.
No debemos seguir pensando en chiquito sin percatarnos que seguimos como el cangrejo fuera caminando de lado o para atrás o como los miopes que no podemos ver nada más que lo que tenemos enfrente. Con esto más, que con el avance de la electrónica y la proliferación de medios informativos cada día recibimos abundante material que nos compara con el resto de países del mundo, colocándonos cada vez más en los últimos puestos. No por favor, la falta de educación o la baja calidad de la misma no es un problema solo de los gobiernos, de los maestros o de los estudiantes, es cuestión de todos y cada uno de los que tenemos al menos dos dedos de frente.
Hasta que cada uno de nosotros no pongamos el indispensable grano de arena que se necesita para mejorar la calidad educativa que se viene dando a nuestros hijos, nietos o bisnietos vamos a seguir viendo cómo los aspirantes a seguir una carrera técnica o universitaria se van a topar a la hora de los exámenes de admisión con un rotundo fracaso. No es culpa de ellos, ni de los padres, ni de las autoridades sino de todos los que hemos venido dejando que otros lo hagan todo, evadiendo nuestra responsabilidad ciudadana.
Mi llamado a usted estimado lector, es que dejemos de ver a la indispensable mejora educativa que requiere nuestro país como un simple motivo para hacer bochinches o bloqueos en calles y carreteras; para ver y escuchar todos los días a un montón de patojos malcriados que no saben ni dónde tienen puesta la nariz pidiendo a gritos saber menos, para continuar ignorando desde lo más elemental hasta la resolución de un cálculo matemático. ¿Acaso miento?, ¿no es verdad que cada día nos asombramos más del pésimo nivel académico con que se gradúan de secretarias, peritos, bachilleres o maestros, no digamos de profesionales universitarios? Mis fervientes deseos son que cada vez más los guatemaltecos nos percatemos que si queremos salir de la masiva pobreza que nos aflige, no existe otro camino que el de mejorar los niveles educativos, empezando desde lo más simple y terminando como lo más complicado. Entendamos de una vez por todas que si no mejoramos nuestra educación, de pobres pasaremos a la absoluta miseria.