¡Oh, libertad, tienes muchos enemigos en varios patios del mundo!


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Es de tal manera el fondo del mundo moderno, que para combatirla sus enemigos no tienen otra arma que la libertad misma. (Michelet).

Significativo pensamiento el del filósofo Michelet. Y es que los enemigos de la diosa Libertad, preciado atributo de la genuina democracia, se aprovechan de ella hasta para maquinar que da horror contra los regímenes de gobierno donde tiene expresión dicho sistema con sus bondades y, en algunas partes del orbe, con algunos errores o defectos.

Marco Tulio Trejo Paiz


Pero debemos ser comprensivos y tolerantes respecto a tales imperfecciones del sistema democrático, en vez de aceptar  los opresivos regímenes liberticidas…

Nuestra democracia tiene fallas, pero es preferible esa realidad que caer en los dominios de los “ombres” (así, sin h) de horca y cuchillo que silencian a lo sepulcral, las voces de los pueblos que parecen asfixiarse en el ardiente clima insoportable de las oprobiosas dictaduras que siempre cometen atrocidades propias de la tiranía.

Es sabido que hay gente ansiosa de bajar de sus pedestales a los torvos dictadores y tiranos que imponen, esos liberticidas, en sus dominios; tanto es así que en propicias oportunidades los opositores saltan las fronteras, terrestres o marítimas buscando los ambientes en los que se respiran aires de libertad.

En la candente actualidad mundial tenemos ejemplos de escapatorias masivas –de millones y millones de hombres, mujeres y niños, que se largaron de los países en los que, a fuerza de guerrillas y demás actos insurreccionales, se implantaron regímenes de gobierno inadmisibles a estas alturas de la civilización.

En China, Vietnam, Rusia, Corea del norte, el Caribe, Venezuela  y en Nicaragua, etcétera, ha sido impuesto, como quien dice a sangre y fuego, el obsoleto comunismo, y en otros patios latinoamericanos hay maquiavélicos juegos de la politiquería internacional que dan la impresión, sólo la impresión hoy por hoy, de ser susceptibles de ir del brazo con los líderes enrojecidos… Afortunadamente, no es la mayoría, sino solamente unos cuantos  resentidos sociales que parecen estar padeciendo de urticaria…

Es un hecho real que los pueblos, sin excepción, anhelan vivir  en paz y bajo las banderas de la libertad; mejor dicho: con todas las libertades que preconiza y, se supone, que garantizar el sistema democrático; mas, en los estados donde se ha hecho fuerte por imposición, no por convicción, el envejecido estalinismo, marxismo y leninismo, las masas populares no tienen más alternativa que la de vivir las oscuras realidades, con la pálida esperanza de que algún día habrá un nuevo amanecer, digno de la humanidad.   
 
Es oportuno traer a cuento que las naciones donde impera el liberticidio a la usanza soviética están condenadas a no externar su pensamiento para no sufrir persecución, encarcelamiento, torturas, incluso el fusilamiento o la horca, al menos por ahora; por ahora, recalcamos. 

En los estados dictatoriales y tiránicos, la libertad es un mito; lo que impera es el materialismo. ¡En comiendo como los cerdos encorralados, la libertad está reducida a cero!

En lejanas latitudes hubo un “arrepentido” (o disidente) que, antes de escudarse en el anonimato  –según dijo en voz baja y tímidamente viendo hacia todos lados– los seres humanos, en su feudo,  no son más que objetos de explotación inicua  en forma despiadada. 

Es más, añadió el “arrepentido” o disidente en potencia, están abolidas las libertades democráticas de organización política (sólo existe el partido único), la de prensa, la de locomoción a lo interno y externo, la de alimentación a voluntad o gusto individualmente, etcétera. Sólo para alabar al amo erigido en semidiós hay libertad hasta la indignación de todo un pueblo.           

¡Ah, pero cierta gente se da el lujo de tirar de los cabellos la libertad, hace chitón en los estados liberticidas!