Al día siguiente de evitarse un importante atentado en Ankara, la policía turca investigaba el miércoles con el fin de encontrar a los autores y su potencial objetivo, mientras autoridades acusaban a separatistas kurdos.
La gobernación de la capital turca sospecha del partido de los trabajadores del Kurdistán (PKK), al afirmar en un comunicado publicado el martes que el tipo de explosivo encontrado debajo de un minibús, en un estacionamiento del centro de la capital, «presenta similitudes» con material perteneciente al PKK decomisado en dos provincias en 2005 y 2006.
Esta organización que lucha contra el poder central turco desde 1984, lo que le ha valido más de 37.000 muertos, no había reaccionado el miércoles en la mañana a estas acusaciones.
Según el gobernador de Ankara, Kemal í–nal, una importante cantidad de explosivos estaba disimulada en el minibús con placa falsa que fue detectado por perros de la policía.
Los artificieros desactivaron la bomba tras evacuar de manera preventiva las habitaciones aledañas al estacionamiento de varios pisos en que fue encontrado el vehículo.
El hallazgo se produjo el día en que la policía había renforzado las medidas de seguridad por temor de atentados que coincidieran con el aniversario de los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos y del golpe de Estado militar del 12 de septiembre de 1980.
«Se evitó una catástrofe», declaró Kemal í–nal.
En el minibús se encontraron 24 balones de gas y bidones, así como bolsas llenas de componentes químicos, probablemente nitrato de amonio, utilizados sobre todo como fertilizante, según un comunicado de sus servicios.
El explosivo debía ser activado a distancia con la ayuda de un teléfono celular, precisa el documento.
Esta práctica es utilizada a menudo por los rebeldes contra las fuezas de seguridad turca en el sureste anatolio, escenario de combates entre el PKK y el ejército, pero nunca lo había sido a esta escala ni en una zona urbana.
Hasta el momento la policía no ha efectuado ninguna detención, pero la prensa afirma que se buscan sospechosos.
Según los diarios, la cantidad de explosivo descubierto en el vehículo era de unos 600 kg mientras que el objetivo de este atentado frustrado gracias a la vigilancia de las fuerzas de orden sigue siendo un misterio.
El estacionamiento donde fue descubierto el minibús se encuentra en una zona estratégica y neurálgica de la ciudad de 4 millones de habitantes, a algunos kilómetros de los edificios públicos, entre ellos las oficinas del primer ministro Recep Tayyip Erdogan, el Parlemento y embajadas.
La prensa coincidió el miércoles en asegurar que «un desatre fue evitado in extremis».
El alto consejo para la lucha anti terrorista (TMYK), que agrupa a responsables civiles y militares debe reunirse en la tarde en Ankara para abordar el tema.
Artificieros de la policía turca desactivaron este martes una bomba colocada en un minibús situado en un aparcamiento en el centro de Ankara, anunció el gobernador de la capital, Kemal í–nal
«El trabajo meticuloso de las fuerzas policiales impidió una catástrofe (…) No quiero pensar lo que hubiera pasado si el atentado se lleva a cabo», declaró í–nal a los periodistas, tras precisar que había «gran cantidad de explosivos».
El aparcamiento en cuestión, de varios pisos, está situado en el barrio de Kurtulus, una zona residencial del centro de Ankara.
Este martes se cumplen seis años del atentado del 11-S en Estados Unidos.
Preguntado por si había pistas sobre el atentado, se limitó a decir que no hay ninguna reivindicación y que el automóvil tenía matrícula falsa.
La policía estableció un perímetro de seguridad de cinco kilómetros, según las cadenas de televisión.
Bomberos y ambulancias están en la zona, que alberga dependencias militares y un hospital. Una junta de distrito fue evacuada, precisaron las mismas fuentes.
Turquía fue objeto de varios atentados sangrientos en los últimos años.
Los más graves de la historia del país tuvieron lugar en el año 2003, cuando suicidas islamistas se empotraron con coches bomba en dos sinagogas de Estambul el 15 de noviembre, y en el consulado británico y en una oficina del banco HSBC cinco días después.
En esos atentados murieron 63 personas y resultaron heridos 600.
Los separatistas kurdos del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK, prohibido) y organizaciones de extrema izquierda fueron responsabilizadas por las autoridades de diversos atentados.