En algo falla la educación que, no obstante vivamos días de esplendor en materia de conocimiento (dicen que estamos en la era de la información), no hemos aprendido a respetar a los demás. La tolerancia no está de moda y por eso no es casual que quememos libros sagrados y nos ensañemos contra los migrantes cuando pensamos -o sentimos- que nos incomodan y nos hacen daño.
No, no vaya a pensar que esos sentimientos aviesos son de gente con poca escolaridad. Incluso los finlandeses que, según la comparación del rendimiento académico realizada por OCDE PISA, encabezan todas las materias analizadas, desde alfabetización hasta matemáticas o ciencias, rechazan a los inmigrantes y los consideran molestos en sus tierras. En un libro de reciente lectura me encontré con el siguiente texto que corrobora lo afirmado.
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«La realidad es que Finlandia aplica una política de inmigración muy restrictiva, que ha enemistado al Gobierno con las compañías del sector de alta tecnología, que tienen gran necesidad de talento extranjero a medida que agotan las reservas de científicos e ingenieros del país. Además, los sondeos muestran que una proporción considerable de la población finlandesa mantiene una actitud negativa hacia los extranjeros (Castells e Himanen, 2002)… Apenas un 2.5 por ciento de los residentes finlandeses son extranjeros o nacidos en el extranjero, una de las proporciones más bajas de las economías avanzadas».
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  El imperativo de San Pablo, ese «soportaos», no es algo que se nos enseñe en las escuelas. Así, no es extraño que los gringos ahora estén furiosos invitando a través de los medios irresponsables de prensa a quemar el Corán el próximo once de septiembre, en memoria de odio hacia quienes fueron responsables de la caída de las torres gemelas. Lo que predomina son los malos sentimientos, el rechazo irreflexivo y la ira sin límite. De aquí a apedrear una adúltera no hay más que un paso.
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Afortunadamente no todo está perdido y hay señales de sensatez. La prensa reportó ayer que líderes religiosos de las iglesias judías, musulmanas y cristianas han hecho un llamado a la cordura. Incluso un general ha pedido clamorosamente que razonen sus actos porque pondrían en peligro a muchos compatriotas norteamericanos que combaten en tierras extranjeras.
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El rabino David Saparstein, jefe de la Unión por la Reforma del Judaísmo, y el rabino Julie Schonfeld de la Asociación de Rabinos Conservadores afirmaron que «el atacar a cualquier religión en Estados Unidos es violentar la libertad religiosa de todos los estadounidenses». Y agregaron: «La amenaza de quemar copias del Sagrado Corán este sábado es especialmente una ofensa mayúscula que exige la condena más severa posible de parte de todos los que valoran la civilidad en la vida pública y buscan el honor de honrar la sagrada memoria de quienes perdieron sus vidas el 11 de septiembre».
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En algo falla la escuela que esas ideas de respeto no han calado. Nuestros linchamientos nos ponen a la altura de la contemporaneidad. Somos, por lo visto, muy posmodernos.