Intereses públicos


Asistimos en el mundo occidental a una revalorización de «lo público». La fuerte sacudida de la crisis económica mundial ha provocado que las élites dirigenciales vuelvan su mirada a los gobiernos en busca de soluciones. En algunos casos, son los mismos grupos que hasta no hace mucho tiempo reclamaban un estado modesto y permisivo. Pero que hoy con la posibilidad real de que el sistema económico quiebre, reclaman a los gobiernos «que actúen». No saben qué, pero presienten que alguien tiene que proteger algo así­ como un interés colectivo.

Marco Tulio Cajas L.

En Guatemala particularmente hemos sido asfixiados por un discurso antisocial que pregona la superioridad del mercado frente a la corrupta administración pública. Se nos ha dicho hasta la saciedad que el problema de este paí­s es de una falta de libertad (¡!) y que si tan solo se dejara que funcione el mercado sin cortapisas, el problema del desarrollo estarí­a automáticamente resuelto. En tal visión, las regulaciones estorban y el Estado y el Gobierno son una especie de maldición.

Se les ha olvidado a nuestros «libertarios» locales que, como demuestra la evidencia histórica, ningún paí­s ha desarrollado su economí­a sin la intervención de Estados fuertes e inteligentemente administrados. Han sido sistemas que a la par de proteger la libre empresa se han cuidado de cultivar y promover intereses colectivos nacionales. Porque ¿Cómo esperar que florezca el sistema de libre empresa si no hay certeza jurí­dica? ¿Cómo dejar que el espí­ritu empresarial se ocupe de innovar y crear riqueza a la par de una administración pública ineficiente e ineficaz? ¿Cómo construir un mercado de consumo que ignore la legitimidad de la autoridad y de la regulación? Preguntas difí­ciles de responder cuando se tiene una visión tan parcializada de lo que realmente ha significado la libertad regulada socialmente en el mundo occidental. Menospreciar la función pública se paga y muy caro en términos económicos y de bienestar social.

Ciertamente que ese discurso ha calado hondo en nuestra sociedad y los resultados están a la vista. Una sociedad sin un liderazgo polí­tico que tenga credibilidad para proponer una visión nueva de recuperación de «lo público» como una meta compartida. Y una ciudadaní­a indiferente y pasiva para exigir sus derechos y hacerse presente en el espacio que le toca en la fiscalización del manejo de lo que se llama «la cosa pública».

Pero la historia nunca se detiene y la fuerza de la necesidad que hoy perciben las nuevas generaciones puede ser la diferencia. Se dan cuenta que, a diferencia de otros paí­ses, en Guatemala están severamente limitadas las oportunidades para crecer y desarrollarse en una sociedad libre pero segura, con respeto al individuo pero con un altí­simo sentido del interés público. Si quieren una verdadera economí­a de libre mercado entonces tienen que cuestionar lo que sus padres creyeron con ingenuidad y posible buena fe: que era posible vivir y convivir a las espaldas del Estado. Que interesarse por fortalecer lo público no es socialismo sino la mejor salvaguarda al derecho a la vida y a la libertad. Que nada bueno puede llegar al paí­s sin retomar y reformar el Estado y que son necesarios y urgentes los cambios de enfoque en la administración pública. FIN