Un niño no habla, se menea rítmicamente y contempla la ropa que rueda en la secadora. Otro habla perfectamente, pero está obsesionado con los trenes y repite metódicamente los nombres de todas las estaciones en su estado.
Son autistas y detestan el cambio, pero hay uno grande en ciernes.
Por primera vez en casi dos décadas, los especialistas quieren redefinir el autismo. Algunos padres temen que con una definición más estrecha sus hijos queden excluidos de la terapia especializada.
Desde hace años se usan distintos rótulos para el autismo, de los cuales el más conocido es el síndrome de Asperger. Los médicos que elaboran la nueva definición quieren eliminar esos términos para reunirlos bajo la categoría de «espectro de trastornos autistas».
Algunos especialistas objetan que la propuesta excluirá hasta el 40% de los niños ahora considerados autistas. Los padres de niños con trastornos leves temen que estos queden excluidos de los servicios de enseñanza y terapia especiales y con ello, de cualquier posibilidad de llevar una vida normal.
Sin embargo, los médicos del panel de la Asociación Psiquiátrica Estadounidense que propuso los cambios aseguran que nada de ello sucederá.
Sostienen que la revisión es necesaria para descartar los rótulos desconcertantes y aclarar que el autismo incluye una gama de síntomas que van de graves a leves. Será más fácil, dicen, diagnosticar a los niños y garantizar que los verdaderamente autistas reciban el mismo diagnóstico.
La nueva definición tal vez permita determinar si las cifras crecientes reflejan un verdadero aumento del autismo o errores de diagnóstico por parte de los médicos.
No existe un examen para determinar con exactitud si un niño es autista. El diagnóstico vigente desde hace 18 años abarca a niños antes llamados retardados mentales, así como otros cuya conducta podría considerarse simplemente caprichosa o rara. Algunos niños diagnosticados con autismo podrían no corresponder a esa definición al madurar.
«Queremos aprovechar la oportunidad para corregir el diagnóstico», dijo el doctor Bryan King, miembro del panel y director del centro de autismo en el Hospital de Niños de Seattle.
Los cambios propuestos incluyen:
—Crear una nueva categoría de «espectro de trastornos autistas» para describir síntomas que en general aparecen antes de los tres años. Abarcaría a niños con «trastorno autista», que actualmente se usa para los casos graves, más dos variaciones de pacientes con alta funcionalidad.
El diagnóstico se aplicaría a sujetos con tres tipos de problemas de comunicación, incluidos la conversación escasa o nula y la mala interacción social; y al menos dos conductas repetitivas o intereses limitados o inusuales, tales como agitar los brazos, caminar en puntas de pie y demostrar obsesión con temas extravagantes.
—Quedarían eliminados el trastorno autista y las variaciones de alta funcionalidad -Asperger y el «trastorno generalizado de maduración sin otra especificación-, pero los síntomas quedarían englobados en la nueva categoría.
—Otra categoría nueva, «trastorno de comunicación social», incluiría a los niños que se relacionan mal con otros y no saben interpretar las expresiones faciales y el lenguaje corporal.
El panel dice que los cambios son científicamente racionales y basados en investigaciones recientes.
Obesidad en el embarazo
La obesidad puede ser un factor que incremente el riesgo de que una mujer embarazada tenga un hijo con autismo, informa un estudio dfifundido hoy en la publicación digital Pediatrics.
El documento figura entre los primeros que vinculan ambos aspectos y aunque no está comprobado que la obesidad cause autismo, los autores afirman que los resultados suscitan preocupaciones de salud pública debido al alto número de mujeres subidas de peso en Estados Unidos.
Las mujeres embarazadas obesas tienen 67% más posibilidades que las de peso normal en tener niños autistas, según señala el estudio. Las embarazadas con exceso de peso también afrontan el doble de riesgo de tener hijos con otros retrasos en el desarrollo.
El estudio se realizó entre unos mil niños de California, cuyas edades estaban entre dos y cinco años. Casi 700 menores tenían autismo u otros retrasos de desarrollo, y 315 no tenían esos problemas.
En promedio, las mujeres tienen una entre 88 posibilidades de tener un hijo con autismo. El estudio sugiere, por sus resultados, que la obesidad durante el embarazo aumenta ese riesgo, a una entre 53 posibilidades, señalaron los autores.
Debido a que están obesas más de un tercio de las mujeres en Estados Unidos en edad de tener hijos, los resultados del estudio son potencialmente preocupantes y suponen un incentivo para que las mismas mantengan un peso normal, dijo la investigadora Paula Krakowiak, coautora del documento e investigadora de la Universidad de California, en Davis.
Diversos estudios previos han vinculado la obesidad durante el embarazo con mortinatos, nacimientos prematuros y algunos defectos de nacimiento.
El doctor Daniel Coury, jefe de pediatría de desarrollo y conducta en el Hospital Infantil Nacional en Columbus, Ohio, dijo que los resultados del estudio «causan bastante preocupación».
Coury destacó que las tasas de autismo en Estados Unidos se han elevado a la par de las tasas de obesidad y señaló que las investigaciones sugieren que tal vez exista más que una coincidencia.
Es necesario profundizar las investigaciones para confirmar los resultados. Pero, si la obesidad de las madres está en verdad relacionada con el autismo, sería solo uno de los muchos factores que contribuyen al problema, señaló Coury, quien no participó en el estudio.
La genética es el aspecto al que se ha relacionado con el autismo, y los científicos examinan si las enfermedades de las madres y el uso de ciertos medicamentos durante el embarazo podrían también ser un factor.