Intensos combates en Lí­bano


Una casa se quema debido al ataque realizado por Hezbolá, en Beirut.

Por lo menos 11 personas murieron desde ayer en los violentos combates en Beirut, que alcanzaron niveles de auténtica guerra abierta entre partidarios del gobierno y la oposición encabezada por el movimiento islamista Hezbolá, que habrí­a controlado ya el Oeste de la capital.


Un responsable de la seguridad declaró que los combates entre partidarios de la oposición y el gobierno libanés habí­an cesado en Beirut, luego de que los combatientes del Hezbolá tomaran el control del Oeste de la capital.

«Ya no hay combates pues nadie enfrenta a los combatientes de la oposición», declaró ese responsable, que pidió el anonimato.

El ejército y las fuerzas de seguridad interior libaneses están desplegados en las zonas controladas por la oposición.

Como muestra de la escalada, un cohete alcanzó un muro de la residencia del lí­der Saad Hariri, pilar de la mayorí­a parlamentaria antisiria, situada en Koraytem (Oeste de Beirut), sin causar ví­ctimas, declaró una fuente cercana a Hariri.

Además del aeropuerto internacional de Beirut semiparalizado, el puerto de la capital cesó toda actividad hoy a causa de los combates, declaró un responsable de las autoridades portuarias, Elie Zakhour.

Arabia Saudita, que apoya al gobierno de Fuad Siniora surgido de la mayorí­a, llamó a una reunión de emergencia de los ministros árabes de Relaciones exteriores sobre el tema de Lí­bano.

El presidente israelí­, Shimon Peres, acusó hoy a Irán de fomentar los problemas en Lí­bano, en el marco de su intento de «reinar en todo Oriente Medio».

A su vez el presidente sirio Bachar al-Assad declaró hoy que la grave crisis en Lí­bano es «un asunto interno» y expresó el deseo de que los libaneses lleguen a «una solución por medio del diálogo».

Los combates, sin precedentes desde el fin de la guerra civil en 1990, continuaron pese a los llamados a la calma de la comunidad internacional y a un despliegue masivo del ejército libanés en el terreno.

Los enfrentamientos son entre armados de los movimientos chiitas de la oposición, encabezada por el Hezbolá y apoyada por Siria e Irán, y partidarios de la Corriente del Futuro, el partido del sunita Saad Hariri, hijo del ex Primer ministro asesinado en 2005, Rafic Hariri.

Los partidarios armados de la oposición encabezada por el Hezbolá controlaban hoy ya desde temprano varios barrios considerados como bastiones de la formación sunita pro-gubernamental, según testigos.

Miembros de los movimientos chiitas Hezbolá y Amal se posicionaron en los barrios sunitas del oeste de la capital, como Zarif, Malla, Zokak el-Blat, Khandak el-Ghamik y Aicha Bakkar, según testigos.

Por otro lado, violentos enfrentamientos ocurrieron en el distrito mixto, sunita, chiita y cristiano de Hamra.

El movimiento chiita libanés Hezbolá cerró también hoy a la fuerza todos los medios informativos de la familia del lí­der de la mayorí­a antisiria, Saad Hariri, declaró un responsable del grupo mediático.

Las cadenas terrestre y por satélite Future TV, la cadena de información satelital Future News, el diario Al Mustaqbal y Radio Orient «cerraron y quedaron bajo control del ejército, tras recibir amenazas de hombres armados de Hezbolá», explicó el responsable, que pidió el anonimato.

Los enfrentamientos se intensificaron tras un discurso ayer del jefe del Hezbolá Hassan Nasralá, que considera como una «declaración de guerra» las decisiones del gobierno contra una red de telecomunicaciones instalada por su movimiento en el paí­s.

La prensa libanesa y árabe se alarmaba por el retorno de la guerra civil que devastó Lí­bano de 1975 a 1990, temor reanimado por la grave crisis polí­tica en que está sumido Lí­bano desde noviembre de 2006, pues la mayorí­a y la oposición no logran un acuerdo para compartir el poder.

Esta crisis impidió la elección de un presidente de la República, puesto vacante desde noviembre de 2007.

La mayorí­a acusa a Siria, ex potencia tutelar, y a Irán de bloquear una solución a través de sus aliados, mientras que la oposición reprocha a la coalición en el poder de obedecer a Estados Unidos.