El complejo turístico de Costa do Sauípe, en el norte de Brasil, quedó convertido en una verdadera fortaleza para recibir a 33 mandatarios de América Latina y el Caribe que se reúnen desde mañana en una serie de cuatro cumbres.
Más de 4 mil militares y policías patrullan el exclusivo complejo hotelero sobre el Atlántico, situado 80 kilómetros al norte de Salvador de Bahía, con operaciones terrestres, aéreas y marítimas.
La carretera que une a Salvador con Costa do Sauípe es objeto de una fuerte vigilancia con retenes móviles, mientras que en la entrada al complejo -donde un tanque ligero da la bienvenida- las medidas se extreman, para fastidio de los turistas que ven limitada su movilidad.
Militares con fusiles, unidades especiales apostadas en los techos de los hoteles y retenes hacen parte de un operativo de seguridad mientras que helicópteros artillados sobrevuelan la zona.
Un helipuerto fue acondicionado para los mandatarios y ministros, que comienzan a arribar este lunes al Centro de Convenciones de Sauipe, sede de la Cumbre. Cinco helicópteros permanecen allí, donde también hay una batería antiaérea.
Una fragata además vigila unos 2 km mar adentro, mientras que miembros de seguridad también vigilan las extensas playas de Sauípe.
Fernando Schmidt, jefe de gobierno del estado de Bahía, dijo a la prensa local que el dispositivo general de seguridad y logística de la Cumbre está listo para recibir a unas 5.000 personas acreditadas para la Cumbre, entre delegaciones oficiales y periodistas.
Sauípe es un exclusivo centro construido a un costo de 100 millones de dólares dentro de una zona de naturaleza protegida en el norte de Brasil.
Visto desde el punto de vista estratégico para la Cumbre está totalmente aislado, lo que impide cualquier tipo de protesta o de actividad política cerca de los mandatarios.
A partir del martes el complejo turístico recibirá cuatro cumbres: la del Mercado Común del Sur (Mercosur) conformado por Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay, con Bolivia y Chile como países asociados; la Cumbre de la Unión Sudamericana de Naciones (Unasur); la Cumbre de América Latina y el Caribe y la Cumbre del Grupo de Rio.
Esta maratón de reuniones se extenderá entre martes y miércoles, precedida el lunes por una reunión de ministros del Mercosur.
Varios temas sensibles se prevén en esta mega-reunión presidencial: el ingreso de Cuba al Grupo de Rio, la designación de un nuevo secretario para la Unasur, la presentación a los mandatarios de un informe sobre la violencia política en Bolivia y la discusión de varios contenciosos bilaterales que planean en América Latina.
Sin el carisma de su hermano Fidel, Raúl Castro es esperado como uno de los protagonistas de la Cumbre de América Latina que se inicia mañana en Brasil y que será la primera para él como presidente de Cuba.
Raúl Castro llegará este lunes a Costa de Sauipe, en Salvador de Bahía, noreste de Brasil, procedente de Caracas, tras dos días de una simbólica visita a Venezuela, principal aliado de Cuba, en lo que fue su primer viaje al extranjero desde que asumió el mando hace dos años y medio por la enfermedad de Fidel.
El presidente cubano fue despedido con honores en el aeropuerto Simón Bolívar, de Caracas, por su homólogo venezolano, Hugo Chávez, y el gabinete de ministros, a las 09H15 locales.
El gobernante cubano, de 77 años, quien pisa por primera vez suelo brasileño, suscita comentarios en la prensa, hasta ahora acostumbrada a seguir cada movimiento de Fidel Castro cuando asistía a foros internacionales.
No trascendió la agenda que desarrollará Raúl en la Cumbre, pero según dijeron a la AFP fuentes diplomáticas, tiene previsto reunirse por separado con algunos mandatarios, entre ellos el de México, Felipe Calderón.
A pesar de que mantiene un perfil discreto, sin duda Raúl Castro acaparará la atención del gran número de periodistas, camarógrafos y fotógrafos presentes en el complejo turístico de Costa de Sauipe, 80 km al norte de Salvador de Bahía, fuertemente resguardado por militares y policías.
Su hermano estaba acostumbrado a ser el centro de atención en las cumbres, pues se le pedía la democratización de Cuba y al mismo tiempo se le apoyaba en su demanda de que Estados Unidos levante el embargo que mantiene desde hace 46 años.
Primero en el mando interino y desde febrero pasado presidente formalmente, Raúl Castro, reacio a las cámaras y de discursos breves -a diferencia de su hermano-, realizará una visita oficial a Brasil el jueves, como retribución a dos viajes que hizo el mandatario Luiz Inácio Lula da Silva a Cuba este año, en enero y octubre.
La participación de Raúl Castro en la Cumbre sobre Integración y Desarrollo busca consolidar la presencia de Cuba en la región, lo cual se expresará el miércoles con el ingreso pleno de la isla al Grupo de Rio, única instancia de consultas políticas estrictamente latinoamericano.
Pocos días antes de viajar a Brasil, el mandatario cubano destacó la importancia de la cumbre para avanzar hacia la integración, frente a la crisis financiera internacional y lo que llamó el «colapso» del neoliberalismo.
En un discurso de hace una semana, cuando Cuba organizó la Cumbre de la Comunidad del Caribe (CARICOM), reclamó «un esquema regional amplio y diverso, que reconozca el derecho al trato especial y diferenciado que merecen las economías más pequeñas».
Raúl Castro destacó en ese discurso que la integración debe basarse en la cooperación y la solidaridad, y citó como ejemplo a decenas de miles de médicos y maestros cubanos desplegados por muchos de esos países, y jóvenes latinoamericanos que estudian medicina en la isla.
«Cuba considera prioritario construir una nueva institucionalidad donde estén los 33 países de América Latina y el Caribe (…), sin necesidad de tener actores extrarregionales. La Cumbre será una oportunidad de discutir mecanismos que contribuyan realmente a trabajar por la integración», dijo la semana pasada el canciller Felipe Pérez Roque.
El presidente cubano asiste a la cita en Brasil en un contexto favorable, con la izquierda en el poder en Venezuela, Bolivia, Nicaragua, Brasil, Chile, Argentina, Uruguay, Ecuador y Paraguay, aunque con matices y con una posición más crítica frente a Estados Unidos.