Recientes actividades de proselitismo electoral han demostrado que una fingida o auténtica sonrisa no es el ingrediente perfecto que determine o contribuya a captar adeptos y obtener el triunfo en procesos democráticos, transparentes y legítimos.
Durante la pasada campaña electoral en México se calificó al candidato presidencial Enrique Peña Nieto, del PRI, como el “Golden Boy” de la política de ese país, porque fue producto de mercadeo de Televisa, que lo transformó en una especie de estrella de cine, explotando su permanente sonrisa y su cuidadoso peinado de copete, pero sin mucha profundidad intelectual, para ser benigno, aunque atrás de esa frívola figura se tejió una trama que lo condujo a un dudoso triunfo en los comicios, embarrado de denuncias de sobornos y corrupción.
Previamente en Guatemala, durante las elecciones generales de 2011, el actual ministro de Comunicaciones aspiró a la alcaldía capitalina, habiendo erogado una multimillonaria cantidad de dinero -superior a varios pretendientes presidenciales-, para promocionarse con su festivo rostro y su estática sonrisa.
Peatones, pasajeros del transporte colectivo y automovilistas estaban obligados a enfrentarse mañana, tarde y noche con la dentadura cinematográfica del candidato Alejandro Sinibaldi Castillo; pero ni el minucioso trabajo de su dentista ni sus ilustres apellidos lograron capturar el voto de la mayoría de los electores.
Salvando las dilatadas y obvias distancias, en la pasada contienda para elegir a las autoridades del Colegio de Abogados y Notarios de Guatemala (CANG), el derrotado candidato a la presidencia de ese gremio_Marco Antonio Sagastume Gemmel me recordó al actual gobernante mexicano y al presuntamente precandidato presidencial Castillo Sinibaldi, precisamente porque en todas las fotografías -algunas publicadas a página completa- no se le observó un gesto pensativo, meditabundo, reflexivo, sino que siempre mostraba una amplia sonrisa, con el rostro regocijante, propio de galán de telenovela o anuncio de crema dental, como que sus asesores deliberadamente pretendían posesionado no como candidato a un cargo de envergadura académica, sino para concursar en un descabellado certamen de “Mister Simpatía”, con los níveos y resplandecientes dientes haciendo gala de estética dentadura, cual pretendiente a dirigir un club social, o con el objeto de atraer y seducir a un segmento del electorado femenino.
Además, el propio Sagastume Gemmel reveló que era patrocinado por el rector de la Universidad de San Carlos, y simultáneamente sus simpatizantes corrieron el rumor de que el abogado Luis Alberto Reyes, candidato victorioso, era financiado por el llamado “Rey del Tenis”, aparentemente todopoderoso peso pesado en casi todas las elecciones habidas y por haber en Guatemala.
Pero la sonrisa no fue suficiente para que alcanzara el triunfo y no se comprobó que el doctor Estuardo Gálvez hubiese erogado apreciable cantidad de dinero de la USAC para subvencionar a su ahijado; como no se ha probado que el abogado Roberto López Villatoro sea capaz de manipular a la mayoría de sus colegas, como si se tratase de personas carentes de criterio.
Entre las especulaciones que llegaron a mi castos oídos se cuenta que el rector carolino se propone convertirse en sonriente candidato presidencial y que supuestamente realiza preparativos para la conformación de un partido político que lo postule; pero los que vinieron con el chisme se negaron a que citara sus nombres, como tampoco se quisieron identificar los que atribuyen a López Villatoro las influencias y presiones que ejercería en su gremio. Intenté llamarlo telefónicamente para conocer su opinión, pero su celular estaba apagado, y tampoco pude comunicarme con la autoridad ejecutiva superior de la USAC.
(El asesor político Romualdo Tishudo le aconseja a un colérico abogado:-Haga el amor y no la guerra. El litigante replica:-Hago las dos cosas, a la vez, porque llevo casado 20 años).