Las instituciones públicas y privadas del país están terminando su período útil de vida institucional, los dirigentes de cualquier naturaleza están cayendo en un despeñadero de antivalores cada vez más grande, el imperio se ha destruido política, moral y militarmente, las finanzas mundiales terminaron con la ficción que mantuvieron a lo largo de años de mentira, la sociedad sigue en la crisis de moralidad mas alta de nuestra historia, la nación está mas alejada de recuperar valores y de reestructurarse vital y profundamente. Nos estamos muriendo y no nos hemos dado cuenta de ello.
En Guatemala ya no queda a salvo ninguna institución, hablo de NINGUNA, que se escape al descalabro, de la falta de integridad, honestidad, fortaleza, transparencia y buena dirigencia que antes, hace mas de 54 años, aún tenían.
Y no hablo solamente de las del Estado, en donde quienes ultimamente lo dirigieron llegaron a robarse el dinero de los guatemaltecos honrados, hablo también de las empresariales que parece no bastarles el dinero que acumulan, de las sindicales que son guiadas por dirigentes corruptos y aprovechados, las estudiantiles que persiguen ganar títulos sin estudiar y de paso agenciarse de bienes materiales, las iglesias que parecen ser forjadores de antivalores o de líderes de cartón que desaparecerán en la oscuridad del olvido, el imperio, aquel valiente que en 1954 invadió Guatemala, después Santo Domingo, luego Panamá y cayó de rodillas en Corea, en Vietnam, y Cuba y se doblegó ante China y Rusia, ahora, tras perder ese poderío militar, ha perdido su poder económico con el que sojuzgaba y sobornaba a otros países, consumiéndose en pobreza y drogadicción. Así estamos.
Aquí, las cosas no son iguales, todo cambia… pero para peor. Aumentan las maras, el crimen, la corrupción, la desconfianza, el cinismo, la desfachatez, la indolencia, la ignorancia, la indiferencia….. ¿Que no son todos?… !Por supuesto¡ pero lo malo es que los buenos también están desapareciendo y los malos crecen día a día.
Los líderes que hoy tenemos parecen haber sido sacados de esas películas de horror en donde la mentira parece verdad.
En el Congreso se roban 82 millones de quetzales y no ha pasado nada; el Presidente y Vicepresidente del Ejecutivo se enojan por las criticas y defienden con amor y cariño al ex presidente Portillo, en tanto el actual mandatario ya cumplió en menos de nueve meses sus 16 viajes con gastos pagados, siguiéndole muy de cerca su vice. Sirven a la patria desde el extranjero y la demagogia y las palabras populistas afloran en sus labios con frescura del cinismo que nos acosa.
Los «magistrados de la Corte Suprema, piden -y me consta- ayuda a los diputados que se supone nada que ver, para poder elegir al presidente que gozará de las mayores canonjías y privilegios que algunos suponen. Los empresarios «debido a la crisis económica», bajan salarios o no los pagan, los del llamado sistema financiero ahorcan a los que les deben, sin esperar a que el hambre o cualquier criminal que camina muy campante por las calles, los mate. En fin, que no me digan que sea positivo cuando todo es negativo; que no me digan que en la llanura (sin tener un empleo público), es muy fácil criticar cuando las veces que tuve una responsabilidad pública siempre renuncié a escribir para no comprometerme, sino, al contrario, me criticaran ¡y vaya si se dieron gusto!, que no me engañen mas con que este o el otro, o el otro que vendrá en plazos fantasiosos «arreglará» al Estado. No, ya estoy aburrido y cansado, por eso yo insisto en que se necesita una revolución que podría ser como la GLORIOSA DEL 44 donde se unieron civiles y militares, obreros y empresarios, campesinos y terratenientes y derrocaron a un dictador con poca sangre derramada. Pero si así no se puede, según dicen las autoridades valiosísimas que tenemos, un rifle asesino AK-47 vale Q4,500.00 al contado y miles de vidas a plazo que dejara viudas y huérfanos como ocurrió recientemente. Lo malo es que todos murieron en vano porque se firmó una paz de cartón y los problemas que nos aquejan se dejaron tirados en alguna cloaca. Si se hace una revolución sangrienta, que esa sangre haga crecer una nueva Guatemala, sin los depredadores que hoy tenemos.
Las revoluciones ante tanta podredumbre institucional, son necesarias y mejor si son como la que nos dieron en el 44, pero si no hay otra alternativa, la misma impaciencia y desesperanza nos puede llevar por otros caminos que sinceramente no quisiera revivirlos.