Institucionalidad y gobernabilidad


Es cierto que es importante preservar la institucionalidad y la gobernabilidad en un Estado democrático, porque además de que así­ lo manda nuestra Constitución, estos dos aspectos son fundamentales para el desarrollo del paí­s.

Pedro Pablo Marroquí­n
pmarroquin@lahora.com.gt

Lastimosamente estos conceptos se han utilizado en los últimos dí­as de acuerdo con los intereses de quien los maneja. Si es el Gobierno, pide que se respete la institucionalidad y la gobernabilidad, pero es incapaz de garantizar que en Guatemala el número de muertos diarios disminuirá drásticamente, que todas las investigaciones de aquellos que pierden la vida se llevarán diligentemente y sin manipuleos y ni siquiera expulsaron del partido a Nery Samayoa cuando amenazó con disolver el Congreso si no aprobaban un paquete de leyes, en las que, por cierto, no estaba la de las comisiones.

Si es la oposición polí­tica, todos se aventuran a hacer llamados y apariciones oportunistas que poco contribuyen a la gobernabilidad del paí­s, sin tener la solvencia moral para el efecto y ello hace un terrible daño a quienes sí­ buscamos, sin ningún interés partidario, evitar el colapso de un Estado fallido.

Los guatemaltecos debemos exigir que la institucionalidad y la gobernabilidad dejen de ser palabras usadas y muchas veces, manipuladas por nuestras autoridades y los polí­ticos de siempre.

Al  Gobierno, le debemos exigir que nombre un nuevo Fiscal General, que actúe de manera independiente y que responda únicamente a los intereses de la Nación; su permisividad y falta de actuación, le hacen un terrible daño a la institucionalidad y a la gobernabilidad del paí­s porque hoy por hoy, el MP resta más de lo que suma.

Del lado de la oposición, debemos de exigirles que dejen los oportunismos por un lado y además, debemos de recordarles que estamos tan cansados de su actitud tradicional como del sistema que nos rige; queremos que se atrevan a cambiar el mismo, que ataquen y critiquen la  impunidad, la corrupción, el tráfico de influencias y los actos deplorables, sin importar quién los cometa.

Es difí­cil lo que se pide y si tomamos en cuenta que el Estado es el negocio dorado de todos los polí­ticos y que muchas fortunas han surgido o crecido a costa del dinero de la gente, ¿quiénes serán los correctos que se atreverán a detener el saqueo estatal?

Es una lástima porque pareciera que los que sí­ queremos un cambio de sistema profundo que nos permita tener un paí­s más equitativo e incluyente, que desemboque en progreso y desarrollo sostenible, navegamos solos y con bandera de raros porque eso no es lo que quiere la mayorí­a.

Muchos han aprovechado este momento del paí­s para ganar adeptos personales, puestos sus ojos ya en las próximas elecciones y únicamente harán en un futuro lo que hoy critican.

No dejemos que eso suceda y solo lo podremos impedir si jugamos un papel más activo, pero buscando que la institucionalidad y la gobernabilidad del paí­s nos lleven a mejorar un sistema que llora sangre y lleva muchos años podrido.Â