Institucionalidad no utilizada


Una de las fragilidades permanentes en la construcción de una sólida relación entre gobernados y gobernantes lo constituye el hecho de darle la espalda a lo que otros han edificado. Así­ puede resumirse el hecho de hacer siempre de lado lo que se nos lega en el camino de la gestión pública. Pero, entonces, qué es la institucionalidad o qué debemos entender por ella y cómo es que se le llega a no utilizar.

Walter Guillermo del Cid Ramí­rez
wdelcid@intelnet.net.gt

He sostenido en más de una ocasión que la fórmula adoptada en la conformación de nuestro Estado (autoridad, normas, sociedad y territorio), no fue la más afortunada en la creación de las necesarias relaciones entre el ejercicio de la autoridad, las normas que la regulan, la sociedad en la que se aplican y el territorio en donde se desenvuelven. Y así­ en este estado de cosas, el conflicto armado interno vino a terminar de complicar la fragilidad de las relaciones entre la propia sociedad, el tejido social, fue diezmado bajo el acápite de ser un oponente al Estado. La autoridad se impuso inclusive en contra de su propia sociedad.

Y bajo esas circunstancias se produce la creación de instancias, de entes, de instituciones las cuales por las razones antes apuntadas y por otras, se utilizan de manera personal y al producirse un relevo en su conducción, simplemente se desechan, se dejan de lado, no se utilizan. El quinto elemento en la conformación y solidez de un Estado lo constituye el ejercicio del poder. El poder, en el ámbito de lo público se regula, teóricamente se autorregula, en la ley, así­ en este ámbito se hace lo que la ley faculta o permite y no, como en el ámbito de gestión privada, que se puede desenvolver cualquier actividad, siempre que la ley no lo prohí­ba. En otra ocasión me referiré al ejercicio del poder.

Esa sola diferencia, entre lo público y lo privado, marca un cambio frente a nuestro desenvolvimiento ante la institucionalidad. Entendida ésta como la conjugación de funciones y competencias enmarcadas dentro de una regulación, norma o ley. Probablemente la institucionalidad que más de lado se ha hecho es la que se refiere a la institucionalidad de los partidos polí­ticos. De aquí­ en adelante, cualquier otra forma en la relación entre lo público y lo privado, puede y ha sufrido todo tipo de distorsiones. Y esa institucionalidad no utilizada o mal empleada nos acarrea otro tipo de complejidades a saber: intolerancia, injusticias, impunidad.

Revertir décadas, ya casi dos siglos, de conductas y manifestaciones distorsionadas entre lo que se concibe como el deber ser y lo que es en la práctica, no es una tarea fácil. Y ante el cuadro descrito se presentan nuevos y antañones desafí­os. Entre los nuevos, el narcotráfico, el crimen que por doquier abunda y las redes criminales conexas. Entre los antañones, está la relación del manejo del poder económico frente al poder polí­tico, cuando no son la misma cosa. Ya lo describiré en otra entrega.

Así­ las cosas, le damos la vuelta a la rueda de nuestras repeticiones, de ese incesante ensayo-error del que parece no salimos airosos. El tiempo transcurre y no solemos sacar el mejor provecho de nuestras experiencias, ni mucho menos de las experiencias de otros. Nos negamos a entender que debemos emplear la institucionalidad que para el efecto se ha creado. Debemos hacer valer el esfuerzo por otros emprendido, bajo la premisa fundamental que aunque NO sea perfecto, qué cosa puede serle en todo el planeta, todo, sí­, absolutamente todo es perfectible.

Entonces y sólo entonces estaremos a las puertas de dar verdaderos saltos cualitativos en otro importante universo de relaciones. Las relaciones del desarrollo económico, para que en efecto las mayorí­as puedan tener a su alcance nuevas y mejores oportunidades de vida. El fin último de la creación del Estado. Es decir, volver la vista hacia la institucionalidad y no simplemente dejar de utilizarla. Por supuesto que si ésta deja de estar en el marco de la perspectiva de desarrollo que tengamos hay que proceder a su disolución, pero eso es otra serie de acciones, lo peor es dejarla de lado. No utilizarla.