La ciudad de Río de Janeiro volverá al proyecto del teleférico para atención al turista.
En Río de Janeiro el célebre «Bondinho» que conduce a los turistas al cerro Pan de Azúcar, un ícono de la ciudad, tendrá pronto compañía: lejos de la clásica postal, otro teleférico será instalado como parte de un proyecto de rehabilitación de peligrosas favelas.
La instalación de un teleférico en el complejo «Do Alemao», que comprende doce barrios de chabolas donde viven más de 200 mil personas, es la columna vertebral de un proyecto lanzado en marzo en la ciudad de Río de Janeiro por el presidente, Luiz Inácio Lula da Silva.
Hoy en día es imposible ir, ni siquiera a pie, de un barrio a otro porque los escarpados callejones no están vinculados entre ellos, una situación que favorece el control de las favelas por parte de los traficantes de droga.
Estos barrios son regularmente escenario de feroces batallas entre la Policía y los traficantes.
El especialista francés de transporte por cable, Poma, que equipa la mayoría de los balnearios de invierno, obtuvo la construcción de un teleférico junto al gigante brasileño en obras públicas, Odebrecht.
Rio se inspira en el ejemplo de la ciudad colombiana de Medellín, donde la construcción de un teleférico por parte de Poma cambió el aspecto de la ciudad al sacar del aislamiento a los barrios pobres.
El proyecto lanzado por Lula está evaluado en 230 millones de dólares. Además del teleférico, comprende la ampliación de las vías, la construcción de escuelas y hospitales y de un sistema de desagí¼e. Se prevé que los trabajos concluyan para 2010.
Unas 3 mil personas están trabajan en su construcción, todas provenientes del propio «Complexo do Alemao».
El teleférico recorrerá 3,5 km con 165 cabinas de diez pasajeros cada una, suspendidos a una altura que variará entre los 6 y los 60 metros. Deberá transportar al menos a 40 mil personas por día, explicó Benjamin Dunesme, director del proyecto de Poma en Rio a periodistas que acudieron a visitar los trabajos.
«Las cabinas no se detienen, (su avance) sólo se enlentece en la estación. Habrá seis estaciones, donde se instalarán algunas bibliotecas virtuales», precisa Dunesme.
Las cabinas no tendrán vidrios blindados, puesto que las autoridades apuestan a que los trabajos de rehabilitación de los favelas impliquen la expulsión de los traficantes de droga o al menos su vuelta a la clandestinidad.
«En Medellín, conocida para su criminalidad, no ha habido problema», declaró, optimista, Dunesme.
Gracias al teleférico, estas favelas podrían incluso volverse un atractivo turístico que los habitantes de los vecindarios ricos acudirían a visitar, espera el director del proyecto.
«Aquí el problema será el mantenimiento. Se está en una lógica de transporte urbano como el metro. Habrá que hacer mantenimiento de noche», señaló.
Según un ingeniero de Odebrecht, Eduardo Peí§anha, «el principal reto en las favelas es el problema del acceso a las callejuelas de menos de un metro de ancho».
«Los poderes públicos llegan a las favelas. Esto restaurará la dignidad» de sus habitantes, se complace Wagner Nicaso, líder comunitario del complejo.