Insolente desprecio por la vida humana


Eduardo_Villatoro

Con frecuencia aconsejo a mis familiares que cuando conduzcan  vehículos, lo hagan con mucha prudencia, paciencia y, sobre todo, que procedan con suma tolerancia y cautela ante las imprudencias de otros pilotos automovilistas, porque se ignora qué catadura de individuo es el que rebasa temerariamente o exige coléricamente que se le dé paso mediante el escandaloso sonido de la bocina del automotor que maneja.

Eduardo Villatoro

 


Esta semana les citaba el caso de un sexagenario sacerdote que fue ultimado por los tripulantes de un picop, a causa de un aparente irrelevante incidente vial. Por su condición de religioso se deduce que era un hombre pacífico, puesto que, como usted estará enterado, era el párroco de Oratorio,  Santa Rosa, dedicado a predicar y guiar a sus feligreses.
 Si atacan y disparan a una persona de la tercera edad, después de que el vehículo en que conducía fue ligeramente golpeado por otro picop y se detuvo para dialogar con el piloto a fin de llegar a un arreglo pacífico entre seres racionales, qué puede esperarse que le suceda a un muchacho o un hombre maduro que reclama legítimamente, pero con voz alterada a un sujeto malencarado y armado que le causó daños al automotor del primero de los aludidos.  Pues que le disparen para matarlo o herirlo de gravedad.

 Al referirse al citado penoso incidente vial, Oscar Clemente Marroquín decía  que este hecho demuestra lo poco que se valora la vida humana en Guatemala; pero yo voy más lejos al sostener que en nuestro país existe un miserable desprecio por nuestros semejantes de parte de numerosos sujetos que han crecido en medio de una espiral de violencia irracional y que se alimenta con la pésima conducta de sus padres, muchos de los cuales son energúmenos que agraden verbal y físicamente a su cónyuge y a sus hijos.
 
Hasta la tarde de ayer no habían capturado a los homicidas o asesinos del  padre David Donis Barrera; y si lo logran serán consignados a los tribunales competentes y de ser encontrados culpables serán castigados penalmente conforme la gravedad del delito. Sin embargo, se corre el riesgo, también, que, de ser aprehendidos, dentro de poco tiempo recuperen su libertad por falta de pruebas, por negligencia judicial o porque una vez más operó el engranaje de la corrupción e impunidad.
 
Millones de guatemaltecos están a la expectativa de se inicien acciones arrolladoras del recién estrenado Gobierno contra la delincuencia, esperando que todos los criminales abarroten los ya nutridos centros carcelarios del país, como una gigantesca ola del mar que arrastra todo lo que encuentra a su paso en una playa, sin tomar en consideración numerosos factores que sería prolijo enumerar, entre los cuales la inclinación de un elevado porcentaje de compatriotas de actuar con agresividad por minúsculos detalles que estorban su entorno individual o familiar, contribuyendo a profundizar la subcultura de la muerte, alimentada por la violencia que derriba elementales y valiosos valores éticos y espirituales.
 
Todos tenemos el deber de desterrar la violencia de nuestras acciones cotidianas, para comenzar a respetar la vida. No sólo es responsabilidad del Gobierno combatir la criminalidad, sino es tarea de la población en general de contribuir a restablecer un clima de paz, armonía y justicia.
 
(Al responderle a un agente de la PMT la causa de haber chocado por detrás el carro de una señora madura, el machista Romualdo Tishudo responde: –Al llegar a la esquina, hizo la señal con el pide vías que iba a girar a la izquierda   ¡y viró a la izquierda!).