¡Nos van a dejar en trozos!


francisco-caceres

El analizar la curva ascendente del endeudamiento del Estado guatemalteco a cualquiera se le para el pelo al comprobar que nuestros descendientes, en vez de venir cada quien “con su pan bajo el brazo”, como reza el refrán popular, vendrán a encontrar al país con una deuda tan grande, que de cada quetzal que paguen en impuestos se tomará un altísimo porcentaje para cubrir lo que sus antecesores lo endeudaron y en vez de heredar una estupenda infraestructura y magnífico andamiaje de servicios estatales, entre otros, los de educación, salud y seguridad ciudadana, hallarán más carencias y necesidades insatisfechas, como una cada vez más engrandecida casta de oportunistas nuevos ricos.

Francisco Cáceres Barrios
fracaceres@lahora.com.gt


Pero lo más triste de todo es que a pesar que la población ya comprobó que Pérez Molina no hizo nada distinto a sus antecesores, empezando por prometer bellezas durante la campaña electoral pero que a la hora de asumir su mandato creó más impuestos y está endeudando al país hasta el copete, cuando se le pregunta sobre la situación del país responde con increíble indiferencia y conformidad diciendo -¿y qué le vamos a hacer? Cuando debiéramos estar a estas alturas en las calles exigiendo que no se pague ni un solo centavo sin que haya sido totalmente controlado y auditado, como corroborar su exacto destino para que no vaya a parar en los bolsillos de los funcionarios de turno.

     El descalabro gubernamental es tan grande, que nuestro Presidente ni siquiera logra ponerse de acuerdo con sus colaboradores. Mientras unos dicen que la emisión de bonos propuesta al Congreso de Q3 mil 500 millones servirá para pagar la “deuda flotante”, que no es otra cosa que pagar algo que ilegalmente contrajeron los gobiernos anteriores, el  mismo Presidente contradice, cuando asegura que solo Q2 mil millones va a utilizarlos para lo dicho por el Ministro de Comunicaciones y que el resto de Q1, 500 millones servirán para otros menesteres. ¿Será que es difícil ponerse de acuerdo para argumentar mentiras? O ¿nos ven tal cara de pendejos que poco les importa mantener constante contradicción en cosa tan fundamental para el futuro del país?
    
    El cinismo y la desfachatez en la toma de decisiones trascendentales ha llegado a tal punto, que se aprovecha lo de los bonos para ocultar que lo de Petrocaribe será pronto realidad, lo que significa que el endeudamiento va a seguir viento en popa, bajo la mentirosa sombrilla que el acuerdo que se firme con el gobierno venezolano servirá para apoyar los programas sociales administrados bajo los mismos principios politiqueros que a todos nos consta. Disculpen que insistan en mi reiterada pregunta: ¿Hasta cuándo dejaremos de tener horchata en vez de sangre en las venas? Lo anterior me trajo a la memoria la frase de Pablo de Gondi, Cardenal de Retz: “Cuando los que mandan pierden la vergüenza, los que obedecen pierden el respeto”.