La Santa Inquisición debió llamarse “Diabólica Inquisición”. Entonces, con un nombre que francamente anunciara sus infernales pretensiones, hubiera sido más temible; y un menor número de herejes presuntos se habría consumido en la santísima hoguera. El escepticismo es mejor que el dogmatismo, porque racionalmente es más sensato admitir que nuestras creencias pueden ser falsas y que, por consiguiente, son discutibles, que pretender que nuestras creencias jamás podrían ser falsas y que, por consiguiente, son indiscutibles.
Ciencia y religión pueden ser compatibles si la ciencia no prohibe orar y la religión no pretende explicar, y ambas respetuosamente delimitan sus propios misterios.
Se ha dicho que la fe puede mover montañas; pero no sabemos de alguna montaña que haya sido movida por la fe. Es evidente, entonces, que hay que tener fe en la fe.
El diezmo tiene un doble efecto benefactor: tranquiliza el alma pecaminosa de quien lo paga, e incrementa la riqueza de la indulgente autoridad religiosa que lo cobra.
El ecologismo es una religión. Su dios es la naturaleza. Sus sacerdotes son los ecologistas. El pecado es la civilización. Se salva el ser humano que se convierte en ecológico primate.
Pensar es una facultad intelectual. Opinar es un derecho. Y todo el mundo puede ejercer ese derecho porque, afortunadamente, para ejercerlo no es necesario tener aquella facultad.
Uno de los más grandes beneficios del derecho de opinar públicamente es saber cuánta estupidez se hospeda en el mundo.
Opinar es más fácil que pensar; por lo cual la gente tiende más a un mero opinar que a un cuidadoso pensar. Y el mundo se vuelve más rico en absurdas opiniones que en atinados pensamientos.
Quien afirma que tiene su propia verdad, podría estar más próximo a la verdad misma si, más humilde que arrogante, afirmara que tiene su propia falsedad.
Quizá sea preferible tener un mal gobierno que no tener algún gobierno; pero solo porque un mal gobierno provoca la benévola ilusión de que puede haber un buen gobierno, aunque nunca lo haya.
Hay una educación que consiste en que el educador domestica al educando, quien después defenderá lo que mecánicamente ha aprendido, y no lo que deliberadamente ha pensado.
Los sucesos históricos no pueden repetirse; y lo más valioso que pueden enseñar es que jamás volverán a ocurrir. Por consiguiente, nada puede aprenderse de ellos que pueda aplicarse en el presente o en el futuro.
Hay escritores que tienen que declararse escritores ellos mismos. Actúan correctamente; pues si no se declararan escritores, sería imposible que alguien creyera que lo son.
Debemos ser conservadores para preservar lo bueno, y revolucionarios para eliminar lo malo. El conservador que pretende preservar lo malo es tan insensato como el revolucionario que pretende eliminar lo bueno.
Acatar la ley no es una obligación impuesta por la ley misma; y una ley que obligara a acatar la ley sería absurda. Acatar la ley es una obligación moral. Dedúcese que la moralidad es condición necesaria de la legalidad.
Post scriptum. El filósofo Renato Descartes afirmaba que “el buen sentido es la cosa más compartida del mundo”. Pudo haber agregado esta frase: “aunque la experiencia muestre que es la menos compartida”.