Inocencia interrumpida


Una famosa imagen del fotógrafo cubano Korda, titulada

En Guatemala poco se aborda el tema de los pederastas, los trastornados adultos que sienten fijación por los menores de edad y abusan de ellos.

Mariela Castañon
lahora@lahora.com.gt

Según los registros, en este año se han denunciado 25 casos de pederastí­a, un delito que hace que los niños pierdan, de golpe, su inocencia.

La Misión Internacional de Justicia, entidad que se adjunta como querellante en los procesos judiciales de este tipo, destaca que en lo que va del año recibieron 25 casos de esta í­ndole.

Según Carlos Ortiz, de la Liga de Higiene Mental, a un pederasta le agrada sentir control y poder sobre su ví­ctima.

En algunos casos el abusador también fue ultrajado de niño o pudo ser que el ambiente familiar lo orilló a comportarse de tal forma.

En algunas ocasiones este problema se origina en el hogar, cuando familias grandes comparten el mismo cuarto con los niños, los pequeños imitan lo que sus padres hacen y es allí­ donde los hermanos mayores podrí­an iniciar a abusar de sus propios parientes.

Los sí­ntomas que presenta un niño abusado son tristeza, melancolí­a o agresión, este último se presenta debido a que el o la menor sabe que si lo dice a sus padres no le creerán, ya que en la mayorí­a de ocasiones los progenitores consideran que sus hijos mienten.

Estos abusos podrí­an afectar al niño en la adultez si no recibe apoyo terapéutico; sus consecuencias son la baja autoestima o la depresión; en el peor de los casos podrí­a repercutir en lesbianismo, prostitución u homosexualismo.

Daniel Ortiz, asistente legal de la Misión Internacional de Justicia, indicó que en esta organización se recibieron siete casos de abusos contra niños en 2005; en 2006, 12 casos; en 2007, 40, y en lo que va de este año 25.

La Misión participa como querellante en los procesos que el Organismo Judicial emprende, así­ como proporciona apoyo a la Procuradurí­a General de la Nación con pruebas. Según Ortiz, las niñas son las que sufren en su mayorí­a este flagelo, y en estos casos parientes o personas cercanas a la familia son los victimarios.

La sentencia en estos casos puede ser absolutoria o condenatoria; en la primera se dice que el sindicado es responsable del delito que se le acusa, existen indicios suficientes para imponerle una condena, por lo regular los jueces la aplican en su mayorí­a, con sentencia baja, dependiendo que tan grave sea el delito. La segunda consiste en que el juez se basa en la lógica, razón y experiencia, para establecer que no hay suficientes pruebas que demuestren el delito por el que se les acusa.

Sergio Morales, procurador de los Derechos Humanos, señaló que no se tienen registros con datos completos, sobre los abusos sexuales de los que podrí­an ser objeto los infantes, ya que ellos son personas indefensas que rara vez podrán denunciar las arbitrariedades a las que los someten.

«Desafortunadamente el abuso contra los niños y niñas es una realidad y la mayorí­a de abusos se cometen en el seno familiar, en ocasiones intervienen padres, tí­os, abuelos, pero es una práctica que afecta a miles de niños, es tan alto el registro que no se tienen datos ciertos de estos abusos y se mantiene siempre en el subregistro, dijo Morales.

A decir del Procurador, los abusos sexuales afectan sobremanera a los pequeños, porque podrí­an convertirse en seres agresivos, que odian a la humanidad, consumidores de drogas o con tendencias suicidas.

El Magistrado de Conciencia indicó que el maltrato contra de los niños, incluyendo abusos sexuales, ocupan el segundo lugar en la PDH, de las denuncias que reciben diariamente.

Aunque existe la Ley de Protección Integral de Niñez y Adolescencia como instrumento legal para proteger a los menores, todaví­a no se ha realizado una reforma, indicó Morales; asimismo, señaló que la pederastia no está tipificada como delito.

Por su parte, Claudia Rivera, directora de Casa Alianza, calificó de una «enfermedad perversa» la pederastia, esta destruye el futuro de los niños y niñas, dijo.

De acuerdo con Rivera, en Guatemala no existen estadí­sticas sobre la pederastia, los casos que se conocen son aislados, por la manipulación de los adultos hacia los infantes, a quienes les dicen que ellos son quienes los provocan o hasta los hacen sentir culpables. En cambio, en España las autoridades registran esta problemática y logran capturar a los implicados en este delito.

En el año 2005, en México, la periodista Lydia Cacho publicó el libro «Los demonios del Edén», el cual develó una red de pederastas encabezada por los empresarios Jean Surcar Kuri y Kamel Nacif. La publicación demostró con información ministerial y testimonial la existencia de una red de pornografí­a infantil y abuso de menores en Cancún, además, en ese libro se detectó la protección y complicidad polí­tica, judicial y empresarial que hizo posible la existencia de ésta.