Hace alrededor de dos o tres meses los responsables de El Hogar y Centro Ocupacional de Ancianos San Vicente de Paúl de Guatemala enviaron por correo electrónico a un indeterminado número de personas, un conmovedor  mensaje por medio del cual requerían la colaboración de guatemaltecos que pudieran dar un aporte en efectivo o en especie, para satisfacer las necesidades imperiosas de más de 80 hombres y mujeres de avanzada edad.
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De inmediato reenvié el correo a todos mis contactos del país y del extranjero, con la esperanza de que más de alguno enviara su colaboración a esta institución que, sin fines de lucro, presta sus servicios de apoyo espiritual, atención integral y cuidadas personas de la tercera edad, la mayoría desprovistos de familiares que velen por ellos.
El Hogar San Vicente de Paúl proporciona a sus residentes un ambiente agradable para llevar una vida digna, rodeados del cariño del personal que los atiende, suministrándoles servicios básicos consistentes en vivienda, alimentación, servicios médicos, vestuario, fisioterapia y terapia ocupacional, al tomar en consideración que muchos de los ancianos sufren de enfermedades mentales y terminales, como cáncer, insuficiencia renal, diabetes, fracturas , invalidez, amputaciones y casos de sordera y ceguera.
A causa de su avanzado deterioro físico, un considerable número de residentes ya no pueden movilizarse por sí solos, por lo que se encuentran postrados en camas, o se trasladan por medio de sillas de ruedas, con la asistencia del personal de esa institución de beneficencia.
Sin embargo, el Hogar de San Vicente de Paúl siempre requiere de ayuda, como ocurrió recientemente cuando yo recibí el mensaje pidiendo auxilio. A los pocos días se comunicó conmigo mi entrañable amigo Byron Quezada, de quien ya le conté una vez en este mismo espacio, que había sido alumno regular de mi madre y temporalmente discípulo mío en la escuela rural mixta de mi recordada aldea El Carmen Frontera, en Malacatán, cuando yo suplía durante algunas semanas a Mamá Limpa en sus labores educativas.
Algunos de ustedes quizá se recordarán que les conté que dejé de ver a Byron desde hace varias décadas, hasta que una tarde recibí una llamada telefónica de un hombre que dijo su nombre, pero que yo no me acordaba hasta que se presentó a la casa donde vivo, puesto que se encontraba de vacaciones en Guatemala.
Byron reside en California, en una ciudad portuaria cercana a Los íngeles y, como originario que es de San Pedro Sacatepéquez, preside en aquel estado de los USA la Fraternidad Shecana, es decir, a los inmigrantes de aquel municipio del departamento de San Marcos que residen en California. Huelga decir que a los originarios de San Pedro les dicen schecanos por las deliciosas shecas que en ese municipio se elaboran.
El caso es que Byron se interesó por el caso que le planteé y puso manos a la obra, en el sentido de comunicarse con los paisanos que pudo, para darse a la tarea de reunir pañales desechables, impermeables para camas de hospital, sábanas, andadores, sillas de ruedas y otra clase de material propio para atender a ancianos enfermos. Y envió el donativo a Guatemala gracias a la colaboración de Transportes Reyes, que opera entre Los íngeles y San Francisco.
«Tuvimos una respuesta satisfactoria de nuestros compatriotas que residen en Los íngeles», me dijo Byron, cuando por teléfono me puso al tanto de que llegaría a Guatemala en una fecha precisa, para hacer entrega del donativo.
De todas maneras, el Hogar de San Vicente de Paúl sigue necesitando del apoyo de todos aquellos que puedan y quieran hacerlo, desde pequeños aportes en efecto hasta medicinas, alimentos, sillas de ruedas, material de enfermería. Pueden llamar al teléfono 2335-5514, para más información.  Â
(Romuado Tishudo recuerda este proverbio alemán: «La promesa tiene piernas; sólo el don tiene manos»).