En la década de los 80, hace 20 años, era menos difícil y azaroso cruzar ilegalmente la frontera de los Estados Unidos que lo es ahora. Sin embargo para el mexicano Alfredo Quiñónez-Hinojosa no fue tan fácil y cuando a los 19 años, la cruzó por California, lo capturaron y lo deportaron a su nativo México.
Pero su deseo de buscar nuevos horizontes le hizo buscar nueva oportunidad y cuando ya había ahorrado 65 dólares, lo intentó nuevamente, y esta vez sí lo logró. Principió a recoger frutas y verduras que le producían las consecuentes erosiones en las manos las que le urgían a buscar más elevados horizontes. Es que había aprendido, dice Alfredo, que ser un ilegal y ser pobre, en un país extranjero era más duro y doloroso que cualquiera otra de las pobrezas que había experimentado.
Cuando encontró trabajo como soldador y su sueldo mejoró, pudo inscribirse en un community college para aprender inglés lo que posteriormente le permitió ser aceptado en la Universidad de California. Su espíritu de lucha y el hecho de haberse encontrado en esa casa de estudios con mentores que apreciaban sus esfuerzos lo indujeron a hacer trabajos de investigación. Dentro de sus mentores hubo uno que le animó a estudiar medicina, y con ese objetivo en mente luchó con tenacidad y eventualmente logró ingresar a la Universidad de Harvard.
Cuando en tercer año de medicina contempló a un cirujano operando el cerebro de un paciente le reafirmó el deseo de ser neurocirujano.
El Dr. Alfredo Quiñónez-Hinojosa, que principió como un recortador-recogedor de uva en el Valle San Joaquín, California, es ahora el director del laboratorio para el estudio del cáncer cerebral y de células madre (brain tumor stem cell laboratory) en la Escuela de Medicina en John Hopkins, Baltimore.
En el número del 9 de agosto/07, el New England Journal of Medicine publicó el artículo intitulado «El viaje de un inmigrante, del trabajo en el campo hasta la neurocirugía» y del cual el autor es éste inmigrante ilegal, mexicano que quiere con su ejemplo, ayudar a otros inmigrantes en su lucha por lograr escalar posiciones mediante la tenacidad y la confianza en sí mismo.
Este actual y agudo problema de los inmigrantes ilegales que es para Guatemala una fuente millonaria de dólares debería ser tomado en serio por el Estado y por las Universidades. Habrá de seguirse el consejo de Radio Escandinava que hace algunas semanas recomendó el inicio de un proyecto para ayudar a la instrucción y promoción del trabajo de los coyotes y de sus pasajeros indocumentados para que logren viajar sin los peligros del caso, que sepan cómo y por dónde cruzar la frontera y, sobre todo, cómo abrirse paso en las tierras del Tío Sam. Siempre habrá allá gente buena que al estilo de los mentores que ayudaron al ahora neurocirujano Alfredo, estarán dispuestos a proporcionarles trabajo y no caigan en manos de finqueros explotadores ni de la policía migra.
Reconozco que aquel inmigrante que se salta un alambrado muro y aguanta el sofocante calor, la sed y las ganas de orinar dentro de un tráiler está más que cumpliendo con la recomendación del charro Alfredo. Ese sí se está jugando la vida buscando una oportunidad.
Ese sapientísimo esfuerzo que es el factor más decisivo en el éxito de esa empresa, fuente de millonarias divisas, amerita todo nuestro apoyo,
«Tienen la palabra las universidades que ahora se especializan en la Administración de Empresas» dijo hoy, de madrugada y muy categórica Radio Escandinava, a la vez que se preguntaba: ¿Y por qué será que ni uno solo de los candidatos presidenciales ha abierto la bocota?