El 8 de diciembre la Iglesia celebra la fiesta de la Concepción de la Virgen María, fecha que guarda relación con los nueve meses que la separan de la Natividad de la Madre de Cristo, conmemoración que tiene lugar el 8 de septiembre.
Universidad de San Carlos de Guatemala
Ubicada justamente en el tiempo de Adviento, el Misal Romano, segunda edición, presenta la solemnidad mariana así: “Ya celebrada desde el siglo XI, esta solemnidad se inserta en el contexto del Adviento-Navidad, uniendo la espera mesiánica y el retorno glorioso de Cristo con la memoria admirada de la Madre. En este sentido este período litúrgico debe considerarse un tiempo particularmente apropiado para el culto a la Madre del Señor. María es toda santa, inmune de toda mancha de pecado, como plasmada y hecha nueva criatura por el Espíritu Santo. Ya vislumbrada proféticamente en la promesa hecha a nuestros primeros padres de la victoria sobre la serpiente, María es la Virgen que concebirá y dará a luz un hijo cuyo nombre será Emanuel. El dogma de la Inmaculada Concepción fue proclamado por Pío IX en 1854”.
Originalmente, en la iglesia Oriental se hacía el recuerdo de un suceso relacionado con la Concepción de María en el seno de su madre. Esta fiesta era celebrada desde el siglo VI y fue propagada al Occidente por Eadmero, discípulo de San Anselmo, arzobispo de Cantorbery. La fiesta fue aprobada en 1129 por un concilio celebrado en Londres y de Gran Bretaña pasó al continente, hasta que en el siglo XV el Concilio de Basilea y, especialmente el Papa Sixto IV en 1476, la generalizaron. Sin embargo, ya en el año 431 el Concilio de Éfeso había definido la Maternidad Divina y en el año 649 el Concilio de Letrán lo había hecho con la Virginidad Perpetua.
En el curso de los siglos esta fiesta se propagó más y más, a pesar de que el dogma de la Inmaculada Concepción fue proclamado hasta el 8 de diciembre de 1854. En esta fecha Pío IX expuso: “La Beatísima Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de la culpa original en el primer instante de su concepción por singular gracia y privilegio de Dios Omnipotente, en atención a los méritos de Cristo Jesús, Salvador del género humano”.
Más reciente, el Concilio Vaticano II ha proclamado que María “está unida, en la estirpe de Adán, con todos los hombres que necesitan de la salvación; fue redimida de modo eminente, en previsión de los méritos de su Hijo”. Así, dice el sacerdote Danilo M. Santor OSM, “con la exención de todo pecado en María, la obra salvífica Cristo no es mutilada”.
Así que no fue sino hasta después de un largo proceso histórico de reflexión en que la Iglesia llegó a formular el dogma de la Concepción Inmaculada de María, fiesta que como veremos más adelante, ha sido bastante compleja en su desarrollo.
EN ORIENTE
A principios del siglo VIII está registrada en Oriente la fiesta de la Concepción de Santa Ana, Madre de los Theotokos, la cual se celebra el 9 de diciembre justo a nueve meses de la fiesta del nacimiento de la Virgen. En Oriente esta fiesta no tiene por objeto la celebración del privilegio que eximió del pecado original a la Bienaventurada Virgen María, sino más bien es la conmemoración del acontecimiento que se narra en el Protoevangelio de Santiago según el cual Joaquín y Ana, padres de María, siempre estériles, por una intervención extraordinaria de Dios, pudieron concebir.
La primera noticia de la fiesta de la Concepción de Ana se encuentra en el Canon de San Andrés de Creta (+ 740 c.a.) y, por este mismo santo, se sabe que tal fiesta era considerada inferior a la Natividad, la Asunción, la Presentación y la Asunción de María; sin embargo, fue aceptada progresivamente y ya en el año 883 se encuentra incluida en el Nomocanon de Focio, y en ese mismo siglo, introducida en el calendario de la Iglesia de Nápoles, en esa época bajo la influencia bizantina. En el siglo X, León VI (846-903) la extendió a todo el imperio y hacia 1166 se cuenta como una de las festividades que deben celebrarse con abstención del trabajo.
En la Iglesia bizantina esta fiesta no es tan importante como otras festividades marianas, pues pone más su atención en Santa Ana que en la propia Virgen María, situación que no impedirá que los predicadores exalten la decencia de Ana como futura morada del Mesías.
EN OCCIDENTE
En la Iglesia occidental es hasta por el año 1000 cuando se encuentra una fiesta señalada por el 8 de diciembre con la denominación de Concepción de la Santísima Virgen María; esta celebración, que se extiende a partir del siglo XII, tiene altibajos diversos y se fue difundiendo poco a poco hasta que en el ya mencionado Concilio de Basilea se generalizó, decretándose que dicha fiesta se celebrará en todas las iglesias de la Cristiandad. Sin embargo, este acuerdo del año 1439 no tuvo efecto porque dicho concilio fue declarado cismático. Correspondió a Sixto IV, proveniente de los franciscanos, reconocer oficialmente la fiesta de la Inmaculada e introducirla en el calendario romano.
A partir de entonces se dieron una serie de modificaciones con relación a la fiesta. Entra las más importantes destacan cuando en 1708 Clemente XI la fijó como fiesta de precepto y más tarde, en 1854, Pío IX proclama el dogma de la Concepción. A partir de 1863 la fiesta tuvo el título definitivo de Inmaculada Concepción de Santa María Virgen; en 1879 León XIII introdujo la vigilia de la fiesta y, finalmente, el Concilio Vaticano II considera este día como “solemnidad”, destacando así, con el máximo grado litúrgico, esta verdad dogmática sobre la Virgen María.
En Guatemala, de gran devoción mariana, la Inmaculada Concepción es celebrada en toda la República e incluye diversas manifestaciones populares como ferias, bailes, comidas, loas, quema del diablo en víspera y los tradicionales rezados recorren las calles de ciudades y pequeñas poblaciones. Es con la víspera de la Concepción, 7 de diciembre, que en Guatemala se inicia el llamado Ciclo de Nochebuena que concluye el 2 de febrero, fiesta de Candelaria.
*Rezado de la Virgen de Concepción de la Catedral Metropolitana de la Ciudad de Guatemala. (Fotografía de Archivo).
*Extraordinaria talla de la Virgen de Concepción del Templo de San Francisco. Ciudad de Guatemala. (Fotografía de Archivo).