Injusta discriminación migratoria


Históricamente, Estados Unidos de Norteamérica es un mosaico de inmigrantes. Si se realizara un estudio, un censo de orí­genes, de nacionalidades, de razas, no habrí­a paí­s que no se encontrara representado en su territorio. El suelo que lo integra es la suma de lo que fueron las trece colonias originales que colonizara Inglaterra, más la compra de la Louisiana, la incorporación unilateral de Florida y la compra de Alaska. A ello se le debe de agregar California, Nuevo México, Arizona, Nevada y Texas, que por la fuerza y con la fuerza, se le incorporó en detrimento de México.

Juan Francisco Reyes López
jfrlguate@yahoo.com

Los apellidos que integran la sociedad norteamericana son la evidencia de todas las latitudes del mundo. A no ser que alguien diga que McFarland, Hamilton, Bushnell son apellidos o nombres de origen piel roja.

Guatemala no debe continuar aceptando la discriminación en contra de un millón y medio de guatemaltecos que han inmigrado a los Estados Unidos. Estos hombres y mujeres honradamente trabajan, producen y realizan la mayorí­a de las labores más humildes que los ciudadanos norteamericanos no desean efectuar. Es con el sudor de su frente, con sus manos laboriosas que recogen la producción agrí­cola y realizan otras actividades en todos los Estados Unidos. Su trabajo y sacrificio permite las remesas que les enví­an a sus hijos, a sus padres, a sus esposas y demás familiares, Guatemala sin ellas entrarí­a en una crisis mayor que la que implica la falla del sistema liberal económico norteamericano.

El gobierno de la República no puede admitir sin protestar de la forma más severa que a los salvadoreños, a los hondureños y a los nicaragí¼enses se les mantenga y renueve el estatuto de protección temporal (TPS), porque los motivos en que se fundamenta el gobierno de los Estados Unidos para otorgarle ese estatus a los centroamericanos de estos tres paí­ses, es el mismo que justifica el otorgamiento de igual estatus a las mujeres y varones de Guatemala. Acaso el enfrentamiento y los muertos de 36 años en nuestro paí­s no fueron producto de la guerra frí­a fomentada por ellos.

Toda la ayuda que Estados Unidos pueda ofrecerle a Guatemala es inferior a permitirle que nuestros compatriotas trabajen, produzcan y enví­en remesas a sus familias. Es ridí­culo, es vergonzoso que la prensa nacional publique que el embajador norteamericano Stephen McFarland firmó un convenio de apoyo para desarrollar proyectos de prevención del consumo de narcóticos con SECATID, dependencia de la Vicepresidenta de la República. El ridí­culo monto del convenio no llega a ser ni la décima parte de las remesas de un solo dí­a de trabajo honrado de los guatemaltecos que laboran en Estados Unidos.

La actitud norteamericana justifica que 365 dí­as al año se haga un plantón, una protesta ante la sede de su embajada en la Avenida La Reforma porque el hecho de la discriminación de trato es más importante que todos los motivos de protestas y plantones que se hayan realizado en los últimos 20 años, ante el Congreso, el Palacio o en las carreteras del paí­s.

Si la estatua de la libertad pudiera ver la vergí¼enza que significa la discriminación de trato a los migrantes latinoamericanos, se cubrirí­a los ojos como los tiene cubiertos el sí­mbolo de la justicia.