Inicia festejo religioso chií­ta


Chií­tas paquistaní­es realizan el peregrinaje a la ciudad de Kerbala en Irak.

Unos nueve millones de peregrinos llegaron a Kerbala, en el sur de Irak, declarada en alerta máxima por posibles atentados, para participar en los festejos religiosos que culminan hoy en la ciudad santa de los chií­tas, informaron fuentes oficiales.


El primer ministro iraquí­, Nuri al-Maliki, que asistí­a a las ceremonias, aseguró que Irak ha logrado poner fin a los conflictos entre comunidades.

«Los terroristas quieren desgarrar a Irak, destruir su unidad. Querí­an conflictos comunitarios y una guerra civil, pero (…) ustedes han rechazado el espectro de la guerra civil», declaró Maliki hablando ante millones de chií­tas reunidos ante el mausoleo del imam Hussein.

«Gracias a Dios la reconciliación entre iraquí­es ha sido un éxito. Hemos llegado a eliminar el sectarismo», añadió.

Para impedir eventuales atentados antichií­tas los servicios de seguridad han desplegado 50 mil policí­as y soldados.

Kerbala ha registrado este año una afluencia récord, entre ellos numerosos fieles iraní­es llegados para celebrar «Arbaine», que se conmemora 40 dí­as después de la fecha de la muerte del imam Hussein, una de las figuras más veneradas del chiismo.

En las atiborradas calles de Kerbala, donde familias enteras duermen incluso en el suelo con pedazos de cartones y frazadas, no es raro cruzar grupos de iraní­es, que se reconocen gracias a su manera de vestir.

«La acogida de los iraní­es por la ciudad de Kerbala es buena ahora. La policí­a y el ejército garantizan la seguridad, hay más hoteles, y los transportes entre Irán e Irak son mucho más eficaces», explica Mehdi Pournasri, un guardaespaldas de responsables gubernamentales en Teherán.

«En la época de Saddam, sólo algunos iraní­es obtení­an la autorización, pero desde que fue derrocado ya he venido cuatro veces», declaró un joven vestido de una larga túnica gris elegante.

Ali Qadiri, un dentista iraní­, visita no obstante la ciudad por primera vez y fotografí­a todo lo que ve. «Es increí­ble. Es difí­cil explicar lo que siento. Jamás habí­a venido y tengo la impresión de estar en casa», exclama.

«Los iraní­es son cada año más numerosos a medida que mejoran las infraestructuras de acogida y seguridad en Kerbala», asegura Mohssen Altai, director de una empresa de turismo iraquí­.

«Tres meses después de la caí­da de Saddam, los primeros convoyes de peregrinos iraní­es transportaban 500 personas diarias a Kerbala. En la actualidad transportan 2.500 cada dí­a», explica el director de la oficina, que prefiere conservar el anonimato.

«Somos dos pueblos musulmanes y chiitas. Es normal que los dos pueblos cooperen. Existen oficinas de turismo en los dos paí­ses para coordinar la llegada de los peregrinos», añade el responsable.

Otro funcionario de su oficina explica que los gobiernos iraquí­ e iraní­ acaban de firmar un acuerdo que prevé la llegada de un millón de iraní­es a Irak cada año.

Esta alza de las cifras prueba, según el director, que los vecinos iraní­es e iraquí­es, dos paí­ses de mayorí­a chiita, han normalizado sus relaciones, algo que será oficialmente consagrado durante la visita del presidente iraní­, Mahmud Ahmadinejad, el 2 de marzo, a Bagdad.

Será algo inédito en la historia contemporánea de los dos paí­ses, que estuvieron en guerra entre 1980 y 1988.