Inicia época lluviosa


Vivimos en constantes sorpresas, si no es una cosa, es otra. Eso indica la ausencia visible de medidas preventivas en definitiva, o vale decir no estamos preparados. Somos así­, nuestra idiosincrasia revela de cuerpo entero que tampoco tiene visos de cambio beneficioso, capaz de erigir un oportuno valladar tan deseado.

Juan de Dios Rojas
jddrojas@yahoo.com

Referente al fenómeno natural consistente en la época lluviosa ya tiene presencia, a finales de abril, esta vez con carácter tempranero, visto desde cualquier ángulo. Inclusive hay adelante manifiesto, si nos atenemos a las predicciones del Insivumeh recientes, que aseveran el aparecimiento de las mismas hasta en el mes de mayo, pero ¡oh sorpresa!

Cualquier predicción climática debe tomar muy en cuenta los siempre í­ndices de error humano que interpreta parámetros y restantes asuntos derivados de la moderna tecnologí­a. Avances de tal naturaleza son la mejor ayuda que aclara las entenderas de personal idóneo, sin embargo, llegamos a la conclusión que distan de ser la última palabra.

En algunos aspectos vinculantes con actividades del clima y el tiempo, llenan su cometido ciertas versiones empí­ricas campiranas. Corrobora la aseveración de darle atención a experiencias de quienes cultivan la tierra y están en condiciones permanentes de dar su opinión. Basados en años consecutivos de vivir en el área rural.

Ejemplos sencillos lo validan ante un tribunal calificador ad hoc, a los miembros del jurado convocados para la ocasión precisa. Sin reloj, calculan con bastante exactitud las horas; les basta ver el sol. Cuando el movimiento de animales tiene sorpresas en sus cábalas, y además el viento anuncia la llegada invernal.

Gente en contacto directo con la naturaleza posee conocimientos sólidos y eficientes, de consiguiente el hecho de habitar en ese medio les da plena certeza sobre el asunto. En dicho sentido resulta muy importante atenerse a sus experiencias saturadas de sapiencia; a esas personas, a no dudar natura les da sapiencia.

Al volver al punto primordial, conviene hacer los mejores esfuerzos y coadyuvar por entero que el punto de llegada de la época lluviosa no signifique aguaceros torrenciales. Este calificativo deviene, como todos sabemos, en consecuencia desastrosas. Inundaciones, avalanchas, tormentas, huracanes, demás de destrucción general.

La red vial del paí­s, columna vertical del comercio y el transporte indispensable, los cántaros de agua semejantes a compuertas abiertas, dan cuenta de puentes, tramos carreteros; sin descartar la condición en que a veces queden incomunicadas comunidades, aparte de la pérdida de cultivos, viviendas, vidas humanas y animales.

Perdura en la memoria de los connacionales sucesos originados por la época lluviosa torrencial de años anteriores, de í­ndole tremenda la obliga impronta funesta. Heridas que aún distan demasiado de cicatrizarse por el contrario claman ayuda que mitigue el drama habitado en sus corazones. A la espera de uno y tantos ofrecimientos.

Para nadie es un secreto que el régimen lluvioso es necesario para factibilizar las labores del campo, célula vital que provee de alimentos a todos los guatemaltecos. Empero, deseable viene a ser un equilibrio en dicha precipitación pluvial, que aleje en todo caso tragedias diversas cuando la caí­da del agua tenga moderación.

En modo alguno signifiquen estos renglones volanderos la inconformidad caracterí­stica de los guatemaltecos ante la presencia de los cambios climáticos epocales. Cabe sí­, augurar una precipitación pluvial beneficiosa. Sinceros deseos porque el fenómeno no cause pérdidas, malestar e inconvenientes a los sectores más pobres.