En la Galería «El Túnel» del Centro Histórico de la Ciudad de Guatemala se encuentra la colección de resplandecientes vestidos de Ingrid Klí¼ssmann, titulada «Luces en El Túnel». Al ingresar a la galería nos transportamos inmediatamente al mundo fascinante de la fantasía, las saudades e ilusiones perpetuas. En un abrir y cerrar de ojos, como en los cuentos de hadas, el recinto se convierte en un mágico y colosal guardarropa, espacioso y relumbrante. Veo que en cada uno de los hermosos trajes de lentejuelas, complementados con todo un ritual de parafernalia, se refleja una parte de la existencia de Ingrid Klí¼ssmann, un fragmento de su peregrinar por las sendas de su propio destino. El conjunto de exclusivos, atrevidos y elegantes trajes nocturnales, está dividido por determinados períodos de su vida. Por ejemplo en los diversos estilos y colores de la indumentaria se va descubriendo poco a poco cada uno de los acontecimientos que han marcado su camino en el que definitivamente se han conjugado el júbilo y el gozo con el dolor y el sufrimiento. La espiral continua del tiempo que reside en la conciencia de Ingrid la ha conducido a divisar su verdadera luminiscencia y encontrar un puente entre su realidad personal y el ensueño de la niñez eterna. Esto lo descubrimos en una pequeña muñeca antigua que se logra apreciar al final de la muestra. El desdoblamiento de sentimientos se revela en todas y cada una de las prendas trabajadas con ornamentos destellantes y lentejuelas llamadas en inglés «spangle» o «glitter» y en francés «paillette». Hilvanadas por el centro o en algunos casos por arriba para aumentar su capacidad óptica de atrapar y reflejar fácilmente la luz, estas laminillas brillan como la pedrería mágica de la princesa Shehrezade, heroína de «Las mil y una noches», que para librarse de la muerte narra por las noches al rey Shahriyar, una historia inconclusa. Observamos en la exhibición una estructura con forma de mujer, en la que descubrimos sin querer una llave colocada sobre el monte de Venus. Pienso que la llave significa el poder de una verdadera dama sobre la mente y el deseo lascivo de los hombres. Dentro de las glamorosas blusas, sobresale especialmente una cuya decoración representa las casillas, alternadamente blancas y negras en que se dividen los tableros del Ajedrez. En todo momento distinguimos que la geometría, rama de la matemática cuyo objeto es el estudio del espacio y las formas que en él se contienen, se manifiesta en el área de la exposición.
Advertimos triángulos escalenos, equiláteros e isósceles; líneas rectas, curvas, onduladas; cuadrados, rectángulos, rombos; óvalos y círculos. También abanicos plateados, rojos y dorados; máscaras venecianas; singulares zapatillas y sombreros de plumas; pájaros y mariposas. Asimismo un pequeño bolso en el que figura el dios hindú de la abundancia, «Ganesh». Se hace notar en la entrada un singular chorro antiguo marca «Myers», que simboliza para mí la fuente de ideas y de creaciones que han desfilado por la galería. El espejo es uno de los complementos que predominan en el decorado, por ser el consorte perfecto del glamour y la voluptuosidad. Espejos, espejitos de todos los tamaños, ¡no podían faltar! Por otro lado fue una grata sorpresa conocer a «Zhivago», un hermoso felino bicolor de lomo blanco y manchas color azogue. A este minino le encanta hacer cabriolas, dar saltos y jugar en un pequeño pilar recubierto de lazo. í‰l es uno de los tres gatos guardianes de la galería. Sea su nombre en honor a la famosa novela del escritor soviético Borís Pasternak. Agradezco a Ingrid Klí¼ssmann su invitación para disfrutar de su luminoso vestuario.