Inglaterra es peor que Jalisco


Oscar-Clemente-Marroquin

Célebre es el dicho mexicano señalando que “Jalisco nunca pierde y cuando pierde arrebata”. Mismo que ha inspirado a decenas de mariachis y fue el título de por lo menos una película. Hablando de colonialismo, resulta que los ingleses son peores que lo que dicen los habitantes del Estado de Guerrero de sí mismos, puesto que la forma en que se ha planteado la realización de un referéndum en Las Malvinas para este fin de semana es una clara muestra de la manipulación prepotente que violenta todo principio de derecho internacional y es una afrenta para las resoluciones de Naciones Unidas que plantean la solución pacífica del conflicto.

Oscar Clemente Marroquín
ocmarroq@lahora.com.gt


Ese referéndum hay que reducirlo a una cuestión práctica. Si alguien le invade a usted un terreno y se apropia de él, sería el colmo que luego pretenda que sus hijos, nietos y demás parentela, también usurpadores, hagan una consulta popular para decidir de quién es el terreno en disputa. Por supuesto que los invasores y sus parientes van a votar a favor de quedarse con el pedazo que se han robado.
 
 Pero si no contentos con ello advierten al legítimo propietario de la finca invadida que una vez realizado el referéndum o consulta popular, se van a armar hasta los dientes comprando poderosas armas que incluyan fusiles de asalto para atemorizar a los dueños que poseen los derechos reales, por supuesto que estamos frente a una situación que obligaría a que la justicia intervenga para ponerle fin al abuso y que evite la posible comisión de algún crimen.
 El derecho internacional no tiene fundamentos distintos a los del derecho de los pueblos, puesto que al fin de cuentas se trata de establecer normas que permitan la pacífica convivencia, sea entre personas naturales, jurídicas o Estados, en el caso del primero. Y es que abusivos hay en todos lados y en todos los estratos. Precisamente para contener a los abusivos, a los prepotentes que pisotean los derechos ajenos, es que se establecen las leyes que pretenden regular el comportamiento anormal de algunos que causan perjuicio a los demás.
 
 Ante la falta de razón y el temor a no poder imponer su colonialista criterio, los ingleses se aprestan a arrebatar lo que no pueden obtener por las buenas, conforme a derecho y por esa razón es que se inventan ese plebiscito en el que a sus súbditos, que han ocupado las lejanas islas Malvinas a las que bautizaron como Falklands, se les pregunta si quieren consumar el despojo y quedarse con territorios que no les pertenecen.
 
 Y para que no quede la menor duda de hasta dónde piensan llegar con su actitud, envían parte de su flota para asegurar que si no es por la razón, sea por la fuerza que se consume la acción de colonialismo que no tiene explicación, mucho menos cabida, a estas alturas del tercer milenio cuando ya pasó la época en que una potencia se arrogaba el derecho de adueñarse de lo que quisiera, pisoteando dignidades y soberanías que nunca respetó.
 
 El derecho internacional vigente no permite ese tipo de comportamientos y debe exigirse a Naciones Unidas el cumplimiento de sus propias normas para evitar el abuso. La libre determinación de los pueblos, principio en el que los ingleses quieren cimentar el robo de Las Malvinas, no procede en casos como éste y así se establece con toda claridad en el conjunto de normas que regulan las relaciones entre Estados y su pacífica convivencia.
 
 Si algunos guatemaltecos quisieran repetir la aventura de Ydígoras y sentar plaza en Benque Viejo para luego hacer un referéndum que les diera soberanía sobre ese pedazo de Belice, los sacan a punta de reata sin miramientos ni contemplaciones. Exactamente lo mismo están haciendo los pérfidos ingleses ahora en Las Malvinas.