Cuando se habla del tema de fidelidad es usual que se asocie a la relación de pareja. Pero una persona también puede ser infiel consigo misma. Es decir, se puede traicionar a ella. De tal modo que deja de ser leal a su persona, a sus valores, convicciones y creencias. Lo cual le conduce a ser deshonesta con quien ella ha deseado ser. Ello tiene consecuencias para su propia autoestima y para los lazos de confianza que procure establecer dentro de sus relaciones sociales.
Ser fiel significa ser honesto, sincero, leal, regirse por un sistema de valores que procuren tanto el bien personal como el común. Es presentarse de una manera auténtica ante la vida. Ello lo expresa la persona con sus palabras pero también con su conducta no verbal. La manera de caminar, de dirigirse a otras personas, la manera de sonreír y llorar, la forma de hacer las cosas y de establecer contacto con los demás denotan su autenticidad como una firma única e irrepetible de quién se es en esta vida.
En la antigua Grecia cuando realizaban estatuas de mármol y estas tenían algún defecto, tal vez, una pequeña grieta. Los escultores trataban de disimularla y le ponían cera con el fin de encubrir el error. Pero cuando ésta se derretía, era evidente el engaño. Entonces cuando alguien ofrecía una escultura se encargaba de decir que ésta era sin cera. Es de allí es de donde proviene la palabra sincera, que significa la falta de fingimiento en las cosas que se dicen o se hacen.
Para ser fiel consigo mismo se necesita de valor para pronunciarse, como la persona que se es, posiblemente ante una multitud que pueda ser diferente. Valor para ejercitar una conducta sincera y asertiva en la que la posibilidad de decir “no” o “si” ante las diferentes alternativas de situaciones específicas conduzcan al ejercicio de una conducta recta y honrada. Que beneficia a la persona en el sentido de tener mayor fe en ella misma y le proporciona poder ante las demás personas en tanto goza también de valoración, aceptación y confianza por parte de éstas.
La persona íntegra, cuando realiza una promesa tiene la intención de cumplirla. Cuando los demás dudan de ella, ella suele tener fe en sí misma, no se rinde fácilmente ante la consecución de sus metas y sueños. La vivencia de un fracaso, se convierte en un aprendizaje para un nuevo comienzo, en el cual persevera ante las situaciones difíciles. La integridad entonces se demuestra ante la conducta que es congruente ante el ejercicio de los valores e ideales que la persona ha asumido y ha declarado.
Sin integridad la persona es incapaz de transmitir confianza a los demás. Pero también contribuye al socavamiento de su propia autoestima. Ya que esta se traduce como una conducta deshonesta y desleal con ella misma. En donde el grado del ejercicio de su propia confiabilidad y coherencia ante las diversas situaciones de su existencia se encuentran comprometidos por su falta de honradez.
Cuando se dice que un objeto es íntegro, así como las esculturas de la antigua Grecia, se refiere a que se encuentra entero, que no se encuentra incompleto, que es genuino y no presenta modificaciones, una persona íntegra también muestra características similares.
La integridad también significa evitar el engaño, la deslealtad que no mire y respete la dignidad de las otras personas. Una persona íntegra aprende a decir no a las ganancias deshonestas, al soborno y al engaño aunque redunde en costos a su persona.