De un tiempo para acá, el tráfico se ha vuelto insoportable, especialmente los lunes por la mañana, de las tardes ni hablar, esperar, esperar, más aún, cuando un policía de tránsito está cerca.
Cada vez que uno de estos agentes del “orden” aparece, el caos comienza. Paran los vehículos que no deben, dejan circular a los buses sobrecargados en el carril izquierdo y además expulsando humo espantosamente, que bien podrían ser máquinas de las que producen hielo seco en los conciertos. Además, siempre están bajo un semáforo, dando vía cuando la luz verde se enciende y alzando la mano cuando éste se ruboriza.
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Francamente no entiendo para qué la municipalidad gasta en estos aparatos y en sueldos de policías que están con el rostro levantado esperando el cambio de color de luces para soplar el silbato y según ellos ordenar el tráfico. Más valiera que se dedicaran a trabajar para sacar de circulación todos esos buses y carros que contaminan el ambiente, no sólo con el humo, sino también con los bocinazos. Que velaran para que en este servicio, si es que puede llamársele así, al transporte urbano, no hubiera tantos robos y abusos, como el que pretenden cometer a partir del lunes.
Sería mucho más provechoso que la municipalidad invirtiera el dinero que gasta en sueldos de agentes de tránsito, en limpiar los tragantes y las calles de la ciudad o en mantener más albergues para los miles de niños y niñas en situación de calle. Es más, el Gobierno debería de alguna forma velar para que los agentes de la policía (PNC) cumplieran debidamente con su deber ordenando y no lastimando a personas trabajadoras, agrediendo a patojos mientras juegan y a intentar cobrar mordidas, pese al botón que cuelga de su camisa en donde dicen ser honestos, al menos los de Emixtra no lo son.
El alcalde, el presidente y todo su gabinete deben velar porque la gente que trabaja con ellos cumplan con sus obligaciones, y por supuesto ellos deben de dar el ejemplo, deben asignar el presupuesto de forma apropiada, para que no existan desperdicios, como los policías de tránsito bajo un semáforo, para que las oficinas públicas trabajen como todos, todo el año, sin eternos feriados, horas de almuerzo alargadas y malas caras.
Estoy cansada de ver cómo cada día se mueren personas valiosas, de cómo cada día las personas con “autoridad” abusan de los guatemaltecos honrados que trabajan arduamente para ganarse su sueldo, de cómo cada día se pierde la oportunidad de que un niño estudie por falta de escuelas, o de que un artista con talento deje de producir arte por falta de recursos y, estoy cansada, MUY CANSADA de ver cada día en los periódicos o en la televisión esos rostros zopencos de nuestros gobernantes y funcionarios ineptos. Pero lo que me tiene indignada es la prepotencia de los agentes de la PMT, la actitud del alcalde y la pasividad de la mayoría de las personas que no son afectadas con estos abusos.