Mientras en otras partes del mundo se ponen las pilas ante la situación monetaria y financiera derivada de la crisis económica de los gringos, nosotros seguimos igual que antes, contaminando el ambiente, complicando cada día más el tránsito de vehículos y consumiendo combustibles derivados del petróleo a manos llenas, sin prevenir tantos desastres que provocan enormes daños. Todo esto se paga y véalo usted por el lado que quiera, irremediablemente es la gran mayoría del pueblo la que sale trasquilada.
Nuestras autoridades de un tiempo a esta parte, han modificado su desempeño, dejando de cumplir con sus deberes y responsabilidades para pasar de la efectiva acción, a ponerse a comunicar qué pasó o suponer qué va a pasar. De ahí es que vemos y oímos a diario a la flamante Conred, encargada de prevenir y atender desastres, simplemente a informar de los mismos, dando pormenores de las carreteras intransitables, derrumbes, deslaves y demás desgracias naturales, pero sin mover ni un dedo para prevenirlos.
Lo mismo ocurre con las flamantes policías municipales de tránsito. Ahora son simples noticieros, hablando hasta por los codos de los sitios en donde no se puede transitar o anunciando que están haciendo denodados esfuerzos para agilizar el libre fluido vehicular pero, a la hora de usted llegar al sitio, no encuentra ni a uno de tantos policías, los que sí salen por televisión todos los días, lindamente uniformados, diciendo que están al servicio de Tú (sic) Ciudad. Si usted me dijera lo contrario, que el tránsito ha mejorado, entonces me permitiría formularle dos preguntas: ¿a estas alturas, todas nuestras arterias cuentan con un sistema sincronizado de semáforos?; ¿puede usted encontrar un solo PMT durante las noches y madrugadas, vigilando que los conductores no violen las leyes de tránsito al por mayor?
Contamos con tan ineficaces autoridades en Guatemala, que el mismo Ministerio Público se encarga de complicarnos todavía más la vida. No, no me refiero a que también no cumplen con las responsabilidades que le asigna la Constitución, sino a que cuando ocurre un hecho delictivo (y vaya si no abundan) impiden el paso en varios metros y hasta cuadras enteras a la redonda y entonces, a usted no le queda otra que encomendarse a todos los santos para no salirse de sus casillas y no le reviente la vesícula biliar.
¿Y qué me dice de los policías nacionales civiles, que a la hora de cualquier quema de llantas o de una «marcha pacífica» se concretan solo en volar lente? ¿Es que no hay autoridad en el país que pueda velar por los derechos de las grandes mayorías para trabajar, movilizarnos y desarrollar nuestras actividades, incluso para salvar una vida, la que tristemente se pierde ante la pasiva mirada de nuestras autoridades, incapaces de poder abrirle el paso a una ambulancia?