Ineficacia de la autoridad


Mientras en otras partes del mundo se ponen las pilas ante la situación monetaria y financiera derivada de la crisis económica de los gringos, nosotros seguimos igual que antes, contaminando el ambiente, complicando cada dí­a más el tránsito de vehí­culos y consumiendo combustibles derivados del petróleo a manos llenas, sin prevenir tantos desastres que provocan enormes daños. Todo esto se paga y véalo usted por el lado que quiera, irremediablemente es la gran mayorí­a del pueblo la que sale trasquilada.

Francisco Cáceres Barrios

Nuestras autoridades de un tiempo a esta parte, han modificado su desempeño, dejando de cumplir con sus deberes y responsabilidades para pasar de la efectiva acción, a ponerse a comunicar qué pasó o suponer qué va a pasar. De ahí­ es que vemos y oí­mos a diario a la flamante Conred, encargada de prevenir y atender desastres, simplemente a informar de los mismos, dando pormenores de las carreteras intransitables, derrumbes, deslaves y demás desgracias naturales, pero sin mover ni un dedo para prevenirlos.

Lo mismo ocurre con las flamantes policí­as municipales de tránsito. Ahora son simples noticieros, hablando hasta por los codos de los sitios en donde no se puede transitar o anunciando que están haciendo denodados esfuerzos para agilizar el libre fluido vehicular pero, a la hora de usted llegar al sitio, no encuentra ni a uno de tantos policí­as, los que sí­ salen por televisión todos los dí­as, lindamente uniformados, diciendo que están al servicio de Tú (sic) Ciudad. Si usted me dijera lo contrario, que el tránsito ha mejorado, entonces me permitirí­a formularle dos preguntas: ¿a estas alturas, todas nuestras arterias cuentan con un sistema sincronizado de semáforos?; ¿puede usted encontrar un solo PMT durante las noches y madrugadas, vigilando que los conductores no violen las leyes de tránsito al por mayor?

Contamos con tan ineficaces autoridades en Guatemala, que el mismo Ministerio Público se encarga de complicarnos todaví­a más la vida. No, no me refiero a que también no cumplen con las responsabilidades que le asigna la Constitución, sino a que cuando ocurre un hecho delictivo (y vaya si no abundan) impiden el paso en varios metros y hasta cuadras enteras a la redonda y entonces, a usted no le queda otra que encomendarse a todos los santos para no salirse de sus casillas y no le reviente la vesí­cula biliar.

¿Y qué me dice de los policí­as nacionales civiles, que a la hora de cualquier quema de llantas o de una «marcha pací­fica» se concretan solo en volar lente? ¿Es que no hay autoridad en el paí­s que pueda velar por los derechos de las grandes mayorí­as para trabajar, movilizarnos y desarrollar nuestras actividades, incluso para salvar una vida, la que tristemente se pierde ante la pasiva mirada de nuestras autoridades, incapaces de poder abrirle el paso a una ambulancia?