Indigno, insolente e injusto fomento a la inversión


Eduardo-Villatoro-2013

Nuevamente recurro a reacciones de lectores de La Hora que envían sus acotaciones al portal del vespertino para referirse a declaraciones y actuaciones de funcionarios públicos, aunque también agrego mis propios comentarios, porque en éste como en otros casos me provocan cierta sorna las aseveraciones de un ministro de Estado que representa los intereses del “súper cúpula empresarial”.

Eduardo Villatoro


Ocurre que, como probablemente usted se enteró, el titular de la cartera de Economía, empresario Sergio de la Torre, expresidente del CACIF, manifestó su profunda preocupación por la tormenta que azotaría a todos los guatemaltecos, especialmente a la clase trabajadora, porque, según lo expuso con la seriedad que el caso amerita, casi 900 empresas que actualmente operan en el país se estarían retirando hacia El Salvador y Honduras dentro de un par de años, si el Estado guatemalteco no propicia la ampliación de incentivos fiscales a los desvalidos y sacrificados inversionistas, lo que implicaría más desempleo porque afectaría a los asalariados, eventual masiva cesantía que le provoca insomnio e inapetencia al bondadoso funcionario.

En pocas palabras, como en 2015 vence el término del régimen de tales incentivos a la exportación, que data de 1989 y que incluye a maquilas y servicios de call center (colcénter, para quienes no mastican el idioma del Pato Donald, del hospitalario sherif Joseph Arpaio, de un condado de Arizona, y de la recatada Madonna, entre otras celebridades), cuyos propietarios o accionistas se favorecen al quedar excluidos de regulaciones tributarias; pero, al parecer, su codicia es infatigable.

Esas declaraciones del ministro De la Torre hicieron fruncir el ceño a lectores como don Carlos Esquivel, quien señala que “El país no puede basar su política de inversiones y generación de empleo en los incentivos fiscales y en salarios de hambre para los trabajadores”, a la vez que recomienda que para lograr mayor inversión nacional o foránea debe reducirse el costo de la electricidad, que es muy cara y presta pésimo servicio; elevar la escolaridad y capacidad técnica de la mano de obra y “hacer que exista un mejor clima de seguridad ciudadana y certeza jurídica; no la constante ola delincuencial ni un sistema de justicia tan corrupto” Coincide con ese criterio la patronal Fundación para el Desarrollo de Guatemala; pero Esquivel es escéptico y duda peyorativamente “Esto es pedirle demasiado al inepto ministro de Economía”

Ese lector es secundado por el señor Sergio Fernández, quien opina que extender por más tiempo los incentivos “Es pedirle a ‘papi’ Estado que subsidie las necesidades de empresarios privados”; mientras que Gaby Millán asevera que se trata de “Seguir generando riqueza (a los mismos empresarios, mayoritariamente extranjeros) sin pagar un centavo en impuestos”; en tanto que Byron López comenta “Ya quisiera ver trabajando en un call center o en una maquila a ese ministro”.

Se puede apreciar que el aporte de los lectores es convincente porque sus comentarios se fundamentan en la realidad socioeconómica nacional y es la voz de quienes se limitan a murmurar y maldecir.

 (El dependiente Romualdo Tishudo escucha este diálogo entre un millonario empresario y su mujer, que le dice: -Cariño, ¿me comprás este precioso collar que está allí? ¡Mirálo! El ricachón replica:-¿Ya te cansaste de andar suelta?).