La indiferencia no conoce rostros ni nombres, no sabe de empatía ni de odios, tampoco busca algo en particular, pero, podría ser considerada como una expresión más de una conducta agresiva.
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La persona indiferente puede que demuestre su desinterés en los sucesos de la vida, en los encuentros con otra gente y también es posible que descarte la idea de hallarse consigo misma. Podría inferirse que de alguna manera es posible que curse con anhedonia (la incapacidad para experimentar placer) y este síntoma constituye un indicador importante de depresión.
El placer en nuestra existencia lo encontramos precisamente en cada paso que damos de manera interesada y consciente, o sea, abriendo todos nuestros sentidos. Esto nos produce la sensación de estar vivos y adjunto a ella viene el desarrollo y la permanencia de nuestra capacidad para asombrarnos.
Si nuestra capacidad de asombro se deteriora, es decir, ya nada nos parece nuevo, todo es tan parecido, tan igual, que ni por bello o feo que sea algo nos llama más nuestra atención. Es inconcebible la idea de que cualquiera haga contacto con la existencia, de tal modo que, la percepción de un mundo exterior y un mundo interior se encuentra limitada.
El tema en cuestión me parece un fenómeno de mayor extrañeza y dificultades para su abordaje. Ya que de la depresión sabemos de manera clara sus explicaciones y su manejo; pero la indiferencia se torna menos comprensible e insensible como problema.
Conocemos que la depresión puede conducirnos a serias complicaciones tales como el surgimiento o agravamiento de una enfermedad física, la muerte y el suicidio. Pero desconocemos a manera cierta lo que con la indiferencia puede surgirnos. Alguien con desinterés le cuesta o simplemente no reacciona ante determinadas circunstancias que le resultan inútiles o poco atractivas. Quien se siente afectado por este tipo de conducta bien podría considerar que es agresión, ya que esta persona está sintiéndose borrada, ignorada y esto sí que es desprecio. De repente que también puede ser agresividad hacia lo interno, ya que al desconocer lo externo también se limita el conocimiento interior.
A manera de deducción podría pensarse que la indiferencia es una escapatoria de la depresión. Ya que a través de la misma se facilita la construcción de una realidad, para quienes la que tienen, les puede quedar no bien. Podría decirse que es producto de una escisión en la vida por lo que sería vista como un asunto esquizofrénico. Podría evaluarse como una manifestación egoísta de alguien que no nos quiere ver ni escuchar de problemas o asuntos a su alrededor.
Lo que yo logro ver de manera más clara es que ella nos lleva a vivir en un mundo de zombis -vivos, pero muertos- en el cual hemos amputado la realidad que no deseamos pero al mismo tiempo nos alejamos de lo que sí queremos. Ya que es de considerar casi imposible que podamos disfrutar de igual manera cuando nos hemos apartado de la comprensión general de la realidad, con ello hemos dejado también un poco de nosotros mismos atrás y el diario vivir nos lo reclama.
En conclusión, considero que es necesaria la revisión y discusión de esta temática. La indiferencia se ha observado como una queja y una falta de virtud. Así que, se le ha limitado la posibilidad de plantearla como un problema con su consecuente análisis. Por lo que sería bueno que se profundizara sobre la temática para brindar una mejor perspectiva acerca de su visión.