Las tensiones entre las dos potencias nucleares del sur de Asia se reactivaron tras los atentados que ensangrentaron Bombay, la capital económica de India, entre el 26 al 29 de noviembre. Entre los 172 muertos figuran nueve de los diez autores de los ataques.
«Admito que hay una pausa en el proceso de «diálogo conjunto» (con Pakistán) a causa de los atentados de Bombay», dijo Mujerjee a periodistas en Srinagar, la principal ciudad de la parte de Cachemira bajo control indio.
Nueva Delhi, Washington y Londres atribuyen la matanza de Bombay al Lashkar-eTaiba (LeT), uno de los movimientos armados fundamentalistas paquistaníes que dicen luchar contra la «ocupación» india de la Cachemira y contra la «persecución» que supuestamente padecen 150 millones de musulmanes en India.
India ha llegado a calificar a Pakistán de «epicentro del terrorismo» islámico, y exige a su país vecino que extradite unos cuarenta presuntos «terroristas» paquistaníes del comando de Bombay.
Desde la semana pasada Islamabad ha lanzado una oleada de arrestos en el ambiente próximo al LeT, pero considera que los posibles responsables deben ser juzgados en Pakistán.
«Nuestra expectativa, y lo que le hemos señalado a Shah Mahmoo Qureshi (el canciller paquistaní), es que Pakistán debe cumplir sus compromisos de no permitir que su territorio sea usado para lanzar ataques terroristas contra india», insistió el jefe de la diplomacia india.
Al mismo tiempo en Nueva Delhi, el ministro de Defensa A.K. Antony repetía que India no tenía intención de atacar Pakistán, aunque presionó a Islamabad para que reprima a los grupos musulmanes fundamentalistas bajo la amenaza de que podría afectar a las relaciones bilaterales ya extremadamente tensas.
India y Pakistán, países que surgieron tras la nefasta división del Imperio británico de las Indias el 14 y 15 de agosto de 1947, comenzaron en enero de 2004 a un difícil proceso de paz después de tres guerras en 61 años.
En 2002, Nueva Delhi e Islamabad estuvieron a punto de emprender una cuarta confrontación –potencialmente atómica– tras un ataque contra el Parlamento federal indio el 13 de diciembre de 2001 imputado al LeT paquistaní.
Inmediatamente después del drama de Bombay, el gobierno indio incluso se planteó suspender el diálogo de paz, ya en peligro por el atentado que tuvo lugar en julio en la embajada India de Afganistán atribuido a «elementos» paquistaníes, había informado la agencia Press Trust of India (PTI).
Desde hace tres semanas, Estados Unidos presiona a India y a Pakistan –aliado de ambos países– para que suavicen las tensiones.
Washington teme que una escalada militar obligue a Pakistán a desatender su frente noroeste donde el ejército nacional se enfrenta a los talibanes paquistaníes y combatientes de Al Qaida escondidos en las zonas tribales fronterizas con Afganistán.
En cuanto a India, no quiere arriesgarse a entrar en una guerra convencional, que podría degenerar, con el poder civil paquistaní desestabilizado por el terrorismo islámico y el peso del ejército.