El movimiento popular tailandés de los «camisas rojas» que ocupa Bangkok desde hace diez días ha conseguido también copar todo el terreno político e informativo, pero los analistas consideran muy improbable que consiga su objetivo de provocar elecciones anticipadas.
Los «rojos» favorables al ex primer ministro en exilio Thaksin Shinawatra, consiguieron reunir hasta 100.000 personas en la capital, derramaron litros de sangre delante de la oficina y el domicilio del jefe del gobierno, todo ello sin el menor incidente.
Más allá de la figura de Thaksin, que en cinco años de poder populista (2001-2006) despertó la consciencia política de las masas rurales del norte y del noroeste, esas manifestaciones recuerdan lo profundas que son en Tailandia las divisiones entre los campesinos pobres y las elites de la capital.
Pero nada indica que los «camisas rojas» serán escuchados. El primer ministro Abhisit Vejjajiva conservó el apoyo de su coalición parlamentaria y de la alta jerarquía militar. Y no hay ninguna razón para disolver la cámara baja, como le piden sus adversarios.
Los manifestantes «no plantearon verdaderamente un problema al gobierno», estimó Michael Montesano, del Instituto de estudios del sureste asiático, en Singapur. «Pero los «rojos» están en dificultad porque ahora tienen que liar sus bártulos y volver a casa sin la sensación de haber perdido», añade.
Las manifestación comenzaron el 14 de marzo, dos semanas después de que Thaksin viese confiscada la mitad de su fortuna, es decir 1.400 millones de dólares. Esa sanción judicial completaba su exclusión política después del golpe de Estado de 2006 que lo derrocó, y tras su condena a dos años de prisión por malversación en 2008.
Todos los analistas coinciden en que incluso la desaparición del magnate de las telecomunicaciones no bastará para calmar los ánimos.
Con sus micro-créditos para los campesinos, su reforma de los hospitales, Thaksin, único primer ministro tailandés reelegido, es también el «primer populista» que supo encontrar las palabras para seducir a una mayoría, destacó Bob Broadfoot, experto de una sociedad de consultas políticas.
«Aún cuando lo eliminen, la mayoría sigue existiendo. No tienen estudios pero no son estúpidos y no se dejarán engañar de nuevo por el sistema».
Los «camisas rojas» perdieron mucho de su crédito en abril de 2009, cuando las manifestaciones generaron desórdenes y dos muertos. Esta vez, a pesar de una dramatización constante de la situación por el gobierno, demostraron que su movimiento es pacífico.
Pero ahora tienen que ir más lejos. «Ahora necesitan una ideología (…) y definir exactamente el significado de sus consignas», destacó James Klein, de la organización estadounidense Asia Foundation.
Normalmente, las próximas elecciones legislativas está previstas para diciembre de 2011. De aquí a entonces, los rojos podrían constituir una fuerza política coherente si aparece un líder distinto de Thaksin.
Entretanto, se trata de mantenerse. «Nos mantendremos sin que importe el tiempo» reitera Jatuporn Prompan, uno de los dirigentes del movimiento.
«Estoy cansado porque hace calor pero no volveré a casa. Me quedaré aquí hasta la disolución», prometió también Banjongsak Tangsangauntham, de 70 años, que llegó de Chiang Mai (norte) donde nació Thaksin.
La próxima etapa será el sábado, cuando los «camisas rojas» prometieron «bloquear» Bangkok.