Los constructores de automóviles, reunidos en París en ocasión del Salón Mundial del Automóvil, expresaron ayer su incertidumbre ante el impacto de la crisis financiera en el sector, apostando como solución de futuro por los autos sostenibles.
El presidente de Renault, Carlos Ghosn, juzgó la situación económica de «muy inestable» e invocó la «prudencia», rechazando en este estado avanzar las nuevas previsiones de los resultados de 2008 para el grupo.
Para Ghosn, «hoy en día, ningún jefe de empresa es capaz de prever la bajada de actividad que ocasionará la ralentización de los mercados».
Pese a reafirmar «los objetivos» de su plan de relanzamiento Cap 2010, el presidente de PSA Peugeot Citroen, Christian Streiff, puso el acento en la «coyuntura netamente más difícil de lo previsto durante la elaboración» del proyecto, hace 18 meses.
Streiff destacó «la gran incertidumbre» sobre el crecimiento y el poder adquisitivo nacida de la crisis financiera.
Por su parte, el patrón del alemán BMW, Norbert Reithofer, fue aún más alarmista al admitir la posibilidad de nuevas medidas de austeridad, que se sumarían a los más de 8.000 empleos que se suprimirán antes de fines de año.
Martin Winterkorn, presidente de Volkswagen, primer constructor europeo, confirmó el miércoles los objetivos de 2008, mostrándose no obstante comedido.
En este contexto incierto, en el que la limitación de las concesiones de crédito por parte de los bancos puede tener un impacto directo sobre las ventas, el responsable de General Motors Europa, Carl-Peter Forster, instó a los responsables políticos a «restaurar la confianza de los consumidores» y a «estimular la economía».
El salón de París, que se abrirá al gran público entre el 4 y el 19 de octubre, servirá de todas formas para presentar las novedades de los grandes grupos, como los nuevos Renault Megane, Citroen C3 Picasso o Volkswagen Golf.