Incendios forestales, lo mismo de siempre


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Constituyen una problemática sin solución, año con año tienen presencia en la época seca, pero no basta dar con lujo de detalles la noticia. Por sabido vienen a ser también las consecuencias fatídicas en menoscabo de nuestro ecosistema cada vez mayor. Ni siquiera el peligro que nos quedemos sin bosques detiene actitudes salvajes en el territorio nacional.

Juan de Dios Rojas


Urge sobremanera asumir todos el papel trascendental de tipo propositivo. Ideas, planes, proyectos y cuanto sea factible merecen la unión. Bajo la acción salvadora de que la unión hace la fuerza, coaligados en función loable y por demás patriótica, alcanzaremos gozosos la victoria. Es ya el momento de rescatar o salvaguardar las reservas aún persistentes.

Partamos del principio, obviamente, en el sentido que como un aldabonazo arribe a las conciencias dormidas e indiferentes, la necesidad de comprender bien y magnificar en toda la línea el espíritu aleccionador, capaz de abrirnos los ojos; enderezar tanto error cometido en contra de bosques, serranías y de la riqueza forestal perdida, y de Guatemala herida.

Continuemos por la senda conveniente que reclama a gritos de la selva el desmedro de diversas especies forestales. Si la educación, visto está, su inicio se ubica en el mismo hogar, entonces el énfasis a cargo de padres y madres será la formación familiar, base primordial de la sociedad. Insistir oral y prácticamente en la defensa y cultivo del árbol.

No dejemos al garete restantes sectores de enorme importancia. Por ejemplo la escuela en sus diversos niveles, es el campo propicio para la siembra de conocimientos relativos al árbol y los bosques. El sistema educativo bajo ese ingrediente de primera necesidad, gana lugar preferente en los educandos, materia prima llamada a obrar después con rectitud.

Desde años idos evocamos con dulce nostalgia el rol impresionante cumplido por los escolares en la siembra masiva de especies forestales, de manera que el lema de “aprender haciendo” no se perderá jamás. Esta actividad, de sumo interés y repercusión, fue llevada a feliz término en ocasión lucida del Día del Árbol: “Varón que se aferra a ser fuerte y fecundo a la vez’’.

Los renglones finales del anterior párrafo constituyen una parte emblemática del Himno al Árbol, entonado con profusión, alegría y efusión por generaciones precedentes. Actualmente con el ensanchamiento de la capital y otras ciudades del interior, amerita retomar esa efeméride que será recordada al paso de los años, similar a un aprendizaje básico.

Añado el contingente respetable de la sociedad en este rol tan deseable a los cuatro vientos del territorio patrio. Corresponde a la misma, por sabido se calla, un desafío que sin duda alguna asumirá en la solución de esta problemática. Tomo la idea, sin ser plagio, el hecho innegable que nos compete a todos en general poner el clásico granito de arena.

Por supuesto que a la participación de autoridades municipales y del Gobierno central no les concedemos la excepción, al contrario, les compete también coordinar, participar y supervisar toda actividad atinente a la conservación del árbol y de los bosques. En resumen, conformarán ese bloque granítico y sostenible que se propone evitar los incendios forestales.

Que no les tiemble la mano al sancionar a los depredadores de infinidad de áreas boscosas que se pierden lamentablemente. Sea como sea, no olvidemos el acto repudiable que muchos son provocados por la mano salvaje del hombre y en consecuencia generan los incendios año tras año en la época seca. Digamos NO a los incendios forestales.

Y a título personal enviamos un ¡SOS! a esa gente sin escrúpulos que causa los aludidos incendios forestales. Póngase la mano en la conciencia dormida o indiferente y detengan tan cruel actitud. Tengan presente que las generaciones que vienen atrás, necesitan una vida mejor. Los bosques y sus derivados podrán dársela; entonces a cuidarlos con esmero.