La presidenta Michelle Bachelet, quien vivió en carne propia la represión como prisionera política durante la dictadura militar chilena, será la invitada especial hoy en la inauguración de un nuevo edificio de la Corte Interamericana de Derechos Humanos en San José.
Bachelet culminará hoy una visita de Estado a Costa Rica, donde declaró que la crisis financiera internacional estalló «por falta de adecuada regulación de los mercados» y fue causada «por los que antes nos daban recetas» a las naciones de América Latina.
La mandataria socialista chilena, quien fue perseguida tras el golpe militar de 1973, es la invitada de honor en la inauguración de un edificio anexo de la Corte Interamericana, tribunal donde comparecen los representantes de Estados acusados de no respetar los derechos de sus ciudadanos.
Su presencia en la Corte será muy simbólica por la dura experiencia vivida por Bachelet cuando era universitaria: estuvo presa junto a su madre en una prisión de la temida policía secreta del dictador Augusto Pinochet (1973-90), poco después de que su padre –que era un general de la Fuerza Aérea leal al gobierno derrocado– muriera en cautiverio por efecto de las torturas.
Costa Rica, que dio refugio a miles de chilenos durante la dictadura de Pinochet y ha tenido un activo comercio con Chile desde 1832, fue la primera escala de una gira centroamericana, que incluye también El Salvador, donde Bachelet participará en la Cumbre Iberoamericana y cumplirá una visita oficial.
Bachelet también visitará el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura, antes de viajar a El Salvador junto al presidente costarricense Oscar Arias.
La presidenta aseguró que será inevitable que la crisis financiera afecte a los países más débiles de la región y advirtió que los fondos anunciados por organismos financieros para ayudar a América Latina son «insuficientes».
«Lo que ha pasado demuestra que hubo una falla de aplicación dogmática de la desregulación» de los mercados, afirmó la mandataria socialista el martes en un discurso ante el Congreso de Costa Rica.
Bachelet y Arias firmaron ayer un Acuerdo de Asociación, que profundiza un tratado de libre comercio suscrito por Chile y Centroamérica en 1999, y abre la puerta a acciones diplomáticas conjuntas, incluido un plan costarricense para hacer más transparente el comercio de armas.
Chile, criticado por su alto gasto en defensa, ha prometido apoyar en la ONU un plan de Arias de un tratado contra el comercio clandestino de armas, dijo un funcionario costarricense.
Arias, premio Nobel de la Paz 1987, quiere que el tratado regule las compras militares en el mundo, de modo de impedir que grupos irregulares y terroristas adquieran arsenales.
Bachelet, quien viaja con una comitiva de 64 personas (entre ministros, legisladores, empresarios y periodistas), fue recibida también en San José por el Congreso, la Corte Suprema y el Tribunal Electoral.
Costa Rica y Chile, que iniciaron sus lazos comerciales en 1832 cuando llegó el primer embarque de café costarricense a Valparaíso, culminaron 2007 con un intercambio de 189 millones de dólares, con una balanza favorable a Santiago.
Hace dos años, Bachelet recibió a Arias en el Palacio de La Moneda en Santiago.
La presidenta Michelle Bachelet asistió este miércoles a la inauguración de un nuevo edificio de la Corte Interamericana de Derechos Humanos en San José, en un acto en que el presidente costarricense Oscar Arias rindió un homenaje a las víctimas de la dictadura militar chilena.
«Una maravillosa canción de (el cantautor cubano) Pablo Milanés inicia diciendo: «yo pisaré las calles nuevamente de lo que fue Santiago ensangrentada y en una hermosa plaza liberada me detendré a llorar por los ausentes»», dijo el mandatario y Premio Nobel de la Paz.
La ceremonia fue encabezada por los dos gobernantes y por la presidenta de la Corte, la jurista chilena Cecilia Medina, quien al igual que Bachelet, también fue perseguida por la dictadura del general Augusto Pinochet (1973-90).
La visita de Bachelet a la Corte fue muy simbólica, puesto que ella y su madre estuvieron presas en una tenebrosa prisión de la policía secreta de Pinochet y su padre –que era un general de la Fuerza Aérea leal al gobierno derrocado– murió en cautiverio en 1974 por efecto de las torturas.
«Hubo sangre de Santiago en cada ciudad de nuestro continente, en la sonrisa de los niños que nos recordaban a los huérfanos de Chle, en la alegría de los jóvenes que nos recordaban a los torturados de Chile, en la lucha de los hombres y mujeres que nos recordaban a los desaparecidos de Chile», dijo Arias.
Dirigiéndose a Bachelet, Arias indicó: «su presencia aquí es un prodigio de la historia, un gran desmentido a los pesimistas y los cínicos».
«Ha habido tiranos y asesinos, y por algún tiempo puede parecen invencibles, pero al final caen y quedamos nosotros, libres, reconciliados, dispuestos a enmendar de nuevo las heridas», declaró Arias, quien también recordó canciones del cantautor chileno Víctor Jara, asesinado por los militares en 1973.
Bachelet elogió al tribunal y confirmó «el compromiso de Chile con el trabajo de esta Corte», destacando que tras el retorno de la democracia en 1990, su país acata todos sus fallos, incluido uno que puso término a la censura cinematográfica.
La dictadura de Pinochet culminó con más de 3.000 muertos y desaparecidos, y unos 30.000 prisioneros políticos sufrieron torturas, según informes oficiales.