La Organización Europea de Investigación Nuclear (CERN) inaugura oficialmente hoy su Gran Colisionador de Hadrones, pese a que el acelerador de partículas más poderoso del mundo no entrará en acción hasta la primavera boreal debido a un desperfecto.
El Gran Colisionador de Hadrones (LHC) «es una maravilla de la tecnología moderna que no hubiera sido posible sin el continuo respaldo de nuestros países miembros», insistió el director general de la organización, Robert Aymar, ayer.
«Todos los que contribuyeron a (su) elaboración tienen motivos para sentirse orgullosos (…) mientras nos lanzamos a una nueva era para los descubrimientos científicos», agregó en un comunicado.
El optimismo algo forzado de Aymar dio el tono de la ceremonia destinada a celebrar el circuito de 27 km enterrado a 100 metros bajo la frontera franco-suiza y que debería permitir descubrir los secretos de la formación del universo haciendo chocar protones a la velocidad de la luz.
En lugar de unos 20 jefes de Estado esperados, numerosos países miembros son representados por sus ministros de Educación, observadores e invitados.
El único presidente esperado es el de la Confederación suiza, Pascal Couchepin. Francia envió a su primer ministro, Franí§ois Fillon, mientras que el CERN esperaba hasta último minuto poder contar con la presencia del presidente francés Nicolas Sarkozy.
La ausencia de los invitados más importantes pone en evidencia la disminución del entusiasmo observado en septiembre, durante el lanzamiento del instrumento de física más preciso y grande del mundo, a pesar de los esfuerzos del CERN.
Esto se debe a que la máquina, que costó más de 3.760 millones de dólares en más de 12 años de construcción, tuvo que ser detenida pocos días después de que comenzara a funcionar a causa de dos averías sucesivas.
La primera, de poca importancia, fue ocasionada por un transformador eléctrico defectuoso. En cambio, el 19 de septiembre, un incidente mucho más grave se produjo durante un test de alimentación en la octava y última parte del circuito a verificar.
Una «conexión eléctrica defectuosa» entre dos imanes supraconductores provocó una fuga de helio, el gas destinado a mantener el conducto a una temperatura cercana al cero absoluto (-271,3º), explicó CERN, que asegura disponer de elementos para efectuar los cambios de los amantes afectados.
No obstante, la intervención depende de la temperatura del circuito, que requiere varias semanas antes de llegar a un nivel que permita las reparaciones.
Teniendo en cuenta el tiempo de enfriamiento, la máquina no podrá entrar en servicio antes de la pausa general invernal de mantenimiento, prevista de noviembre a abril.
Esta avería es un duro golpe para la organización, reconoció el responsable del proyecto, Lyn Evans.
«Es un incidente muy desagradable, pues debido a la especificidad de la máquina, las reparaciones toman tiempo, pero no cuestiona a este impresionante instrumento», afirmó por su parte el experto en física de las partículas del instituto francés IN2P3 Yves Sacquin.
El Gran Colisionador de Hadrones (LHC, por sus siglas en inglés), inaugurado hoy, debe tratar de recrear las condiciones de energía intensa de los primeros instantes del universo durante el Big Bang, hace unos 13 mil 700 millones de años, para tratar de resolver cuatro enigmas de la física.
– Hallar el bosón de Higgs, una partícula inestable calificada de «divina» puesto que muchos investigadores la han estudiado sin haber demostrado su existencia. Lleva el nombre del físico británico Peter Higgs, que la descubrió por deducción en 1964. Confirmar su existencia a través de la experiencia representaría la última pieza del rompecabezas llamado «Modelo Estándar», que resume los conocimientos actuales de la física de las partículas.
El bosón de Higgs permitiría explicar el origen de la masa y por qué algunas partículas están curiosamente desprovistas de ella. En este desafío, la CERN rivaliza con el laboratorio estadounidense Fermilab, basado en Chicago, que utiliza el Tevatron, un acelerador que se desactivará progresivamente a partir de 2010. El Fermilab participa también en el experimento del LHC.
– Explorar la supersimetría, un concepto que permite explicar uno de los hallazgos más sorprendentes de los últimos años: que la materia visible sólo representa el 4% del universo. La materia negra (23%) y la energía oscura (74%) se reparten el resto. Una explicación sería que la materia negra está compuesta de partículas supersimétricas llamadas neutralinos.
– Estudiar el misterio de la materia y la antimateria. Cuando la energía se transforma en materia, produce un par de partículas así como su reflejo, una antipartícula de carga eléctrica opuesta. Cuando una partícula y su antipartícula colisionan, se aniquilan mutuamente a través de un pequeño estallido de energía. La lógica haría pensar que la materia y la antimateria existen en el universo a partes iguales, pero la realidad es que la segunda es muy inhabitual.
– Recrear las condiciones que prevalecieron en el universo en las milésimas de segundo que sucedieron inmediatamente al Big Bang. La materia existía entonces bajo la forma de una especie de sopa densa y caliente llamada plasma quarks-gluones. Al enfriarse, los quarks se aglutinaron en protones y neutrones y en otras partículas compuestas. Colisionándolos, el LCH hará pedazos iones pesados que generarán brevemente temperaturas 100.000 veces más elevadas que la que se registra en el centro del sol. Estas colisiones liberarán entonces los quarks. Los investigadores podrán por lo tanto observar cómo éstos forman la materia.