Pocas comunidades han de ser tan conservadoras como las que componen el condado de Collier en Florida y uno puede apreciarlo en las cosas cotidianas además de la forma en que votan y eligen a sus representantes. Y por supuesto que ese condado puede catalogarse como uno de los reductos de los Bush, tanto el Presidente de los Estados Unidos como el Gobernador del Estado. Sin embargo, es notoria la diferencia de actitud que puede notarse ahora. Mientras hasta hace poco los predicadores de la Iglesia Católica pedían encarecidamente por el gobierno que estaba librando la batalla por la libertad en tierras lejanas y por los soldados que efectuaban la defensa de «la libertad y el estilo de vida americano», ahora la oración se limita a pedir por el regreso con vida de los jóvenes que han ido a pelear.
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Y es que platicando con la gente se percibe que esa idea de que la guerra contra el terrorismo se libraba en Irak y que al derrotar a las huestes de Hussein se estaba afianzando la libertad mundial y propagando el estilo de vida de los Estados Unidos, se ha hecho añicos al ver que los iraquíes no están para recibir esa clase de «ayuda» y que sus reacciones son totalmente adversas y que ponen en serio riesgo no sólo la vida de los elementos de tropa, sino que el mismo futuro de Estados Unidos como gendarme mundial que puede pasearse por el mundo imponiendo a sangre y fuego su propio concepto de libertad y un estilo de vida bueno para los habitantes de esa gran nación, pero no siempre compatible con la forma de encarar los hechos y la vida misma por otras culturas.
No quiere decir que los habitantes de ese próspero condado al suroeste de Florida estén listos para votar por Hillary Clinton o cualquier candidato demócrata; quiere decir que Bush les resultó un fiasco y que no sienten que la forma en que dirige el país esté orientada a la preservación de los valores que inspiran a esta gente. Y un tema que sale a luz en muchas conversaciones es el relacionado con actos de corrupción que, según alguna gente, han sido generadores de decisiones equivocadas y hasta trágicas, como la de iniciar la guerra en Irak. Porque se habla mucho de lo que significa la inyección económica para Halliburton, la empresa de la que Chenney fue Presidente y que se ha beneficiado con multimillonarios contratos en Irak. Se habla del tráfico de influencias que marcó al Congreso republicano y la forma en que ello contribuyó, junto al tema de la guerra, a desbancar a muchos de los congresistas y senadores de sus escaños para darle la mayoría a los demócratas.
Pienso que si bien afuera de Estados Unidos hay un importante cambio de actitud respecto a ese país, la forma en que se perciben sus acciones y los efectos de las mismas, así como la creciente incapacidad para seguir jugando al papel de gendarme, todo ello cortesía del señor Bush, en Estados Unidos se aprecia una vuelta a las tendencias aislacionistas de otras épocas y es que Irak está marcando definitivamente al colectivo social.
En la entrada de la iglesia católica hay una foto de un jovencito haciendo su primera comunión en esa iglesia; otra en la que aparece en el momento de su Confirmación y la tercera lo muestra recién salido de la adolescencia y vistiendo orgulloso el uniforme del Ejército. En estos días la pequeña comunidad de 20 mil habitantes regulares (que se convierte en una comunidad de 50 mil por lo menos en los días de invierno) llora a uno de sus pocos jóvenes que murió en la primera quincena de enero en las calles de Bagdad. Y por ello, entre tantas cosas, detestan el empecinamiento del gobernante al que apenas unos meses atrás aplaudían con cierta idolatría.