La potente agricultura biológica española, cuyas exportaciones se ven afectadas por la crisis económica mundial, busca implantarse con fuerza en su tierra, donde estos productos son paradójicamente poco consumidos.
«Este año se está frenando todo, estamos perdiendo un 15%. Las exportaciones a Estados Unidos son las más afectadas», explica Juan Molina, productor de aceite de oliva y vino ecológicos en la provincia de Murcia (sureste).
Como otros productores y distribuidores españoles de productos biológicos, reunidos recientemente en Madrid en la feria BioCultura, espera impulsar su actividad atrayendo a los clientes españoles, afectados por la inflación y el estancamiento económico.
«Yo creo que hay una caída del consumo», declaró Luis Bayón Serrano, director del comité de agricultura biológica de la región de Madrid.
«La crisis influye en todo el sector, tanto en la distribución como en el sector de compra», afirmó Jordi Redon, de la agencia de promoción de las exportaciones agrícolas de Cataluña (nordeste).
Sin embargo, destacó que «en general, en productos «bio», el consumidor es más fiel».
España es el segundo productor europeo de productos biológicos, detrás de Italia, en un continente que posee el 24% del territorio mundial consagrado a la agricultura bio, según un informe de 2008 de la Federación del movimiento por la agricultura biológica.
La agricultura biológica es un sistema de producción que rechaza o excluye en gran medida el uso de los fertilizantes sintéticos, los pesticidas, los reguladores del crecimiento y los aditivos para el pienso del ganado.
El país tiene más de 18 mil explotaciones dedicadas a la producción ecológica, lo que representa alrededor del millón de hectáreas, según el ministerio de Agricultura.
Pero esta importante producción sirve sobre todo para alimentar la enorme demanda de Europa del Norte, dominada por Alemania y Gran Bretaña.
Porque, paradójicamente, España es «el último país consumidor de productos «bío» en Europa», explicó Manuel Follana, director general de Bio Bio, una empresa importadora de productos biológicos.
Se encuentran estos productos en raras tiendas especializadas. «No se puede comprar algo que no esta allí, no había oferta», se lamenta Luis Bayón Serrano, director tecnico del Comité de Agricultura Ecológica de la Communidad de Madrid.
«A mi juicio, el problema es que tenemos una sola palabra para lo «bío»: «ecológico», que designa tanto una opción política como un producto», añadió. «La gente parece creer que si no vota ecologista, no tiene necesidad de comprar ecologista», agregó.
Laura Campos, madre de familia que compraba bio en una feria celebrada recientemente de Madrid, añade: «En España, el «bío» está entendido como una cosa para «hippies» o alternativos. Ustedes no verán comprar a una mujer de Salamanca», afirmó, refiriéndose al barrio chic de Madrid.
«En Madrid no hay gran elección. Eso fue siempre caro, pero ahora ya no lo es», añadió.
Sin embargo, hay algunos indicios que permiten abrigar la esperanza de un cambio de comportamiento.
En el barrio de Salamanca, la tienda bio Baby Deli abrió este verano… cerca de las tiendas de lujo de Chanel, Valentino y Gucci.
«Creo que esta conciencia por el medio ambiente en los españoles ha crecido, en reciclaje, cuidado del medio ambiente en general, etc, y eso ayuda al consumo de productos ecológicos», precisó Serrano.
Cataluña lanzó una campaña para persuadir a las amas de casa de las ventajas de consumir «bío». Los profesionales de la biocultura esperan también que su feria convenza a los españoles de pensar en su salud y a la calidad del producto más que a su precio.
Muestras de hamburguesas, paellas, chocolates, pastas, frutos bio se ofrecían en sus stands, incluso un vino ecológico, una producción relativamente nueva y cada vez más popular, al menos para ser exportada.