¿Militarizar la tributación?


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Cuando se pensó en la democracia, todo el mundo reconocía que podría no ser perfecta, pero en el caso de Guatemala, buscaba reducir la tensión por el conflicto armado interno; terminar con las dictaduras militares; abrir el espacio de participación política; permitir el libre juego de ideas y aceptar la tolerancia como forma de convivencia ideológica; apuntar a la modernización económica –libre competencia, búsqueda de mercados perfectos, mayor inversión y más empleo- y configurar una sociedad más equitativa.

Juan José Narciso Chúa


Seguramente nobles ideales, en algunos de ellos se ha avanzado más, en otros menos, pero al final la democracia –con sus aciertos y fallos-, nos ha permitido una convivencia más pacífica entre los diferentes actores sociales.  La presencia del crimen organizado y el narcotráfico, resultaron fenómenos que no eran tan complicados y extensos como en la actualidad.

 Paralelo a ello, las postrimerías del siglo XX y en los albores del siglo XXI, nos han permitido conocer y ser testigos directos de los inventos tal vez más impactantes en la historia de la humanidad.  El celular es hoy una herramienta potentísima en la cual el teléfono pasó a ser una característica casi marginal, pues el mismo cuenta con Internet, redes sociales, cámara fotográfica, video, geoposicionador, entre otros.  Las cámaras de video llegaron y han servido en todo el mundo para contribuir a la aplicación de la justicia, puesto que se identifica a criminales, se visualizan en tiempo real hechos delictivos, en fin, una maravilla.  Ni hablar del escáner, invento que antes eran de uso en oficinas, cuando hoy son de uso diario y común.

Hago estas reflexiones únicamente para enfocarme en la propuesta de intervención-militarización de la SAT planteada por este gobierno y rechazada por todos los sectores económicos, políticos y sociales, reconociendo que esta argucia, resulta completamente negativa por varias razones.  La intervención al plantearla como una panacea –tal cual otras iniciativas que nacen y mueren casi en el acto por este régimen-, lo que hace es un retroceso de 30 años, cuando justamente sus pares militares tenían el control del Estado y hacían y deshacían a su antojo, con las estructuras del Estado.  Segundo, aunque el término es intervención, el Presidente, fiel a su formación y visión unilineal, la plantea como una militarización, a la usanza cuando los institutos nacionales fueron militarizados durante el período de Ubico.  Una medida a contrapelo de la modernidad, desenfocada en el contexto de profundizar el poder civil, de fortalecer las instituciones del Estado y la democracia –con sus luces y sombras-, pero no militarizar.  ¡Por favor!

Igualmente, con toda la tecnología que ahora existe para el mejor control de las operaciones comerciales que se ubican en el comercio exterior, porque no hacer uso de todos estos dispositivos tecnológicos que eliminan la discrecionalidad, aseguran la gestión aduanera y transparentan estos procesos.  Igualmente, los enfoques de modernización de la gestión pública han avanzado significativamente, como para pensar en intervenciones manu militari, que solo dejan el sabor de ilicitud, corrupción y recambio de mafias.  No, la democracia y la sociedad, no pueden permitirse regresiones de este nivel.  Ojalá la CC actúe en consonancia con los tiempos de democracia y contribuya a profundizar la modernización sobre resabios absurdos del pasado.