Cada vez que presencio una plenaria del Congreso salgo más triste por Guatemala, decepcionado por las actitudes de la mayoría de “padres de la patria”. Qué habilidad la que tienen algunos para dirigir la agenda, jugar con el quórum, adelantar y atrasar cosas. Habilidad que parece ser usada única y exclusivamente cuando algo les interesa, aunque no le interese al país.
La semana pasada, a pesar de estar dentro del período ordinario de sesiones, sólo contó con un día para sesionar y no dos como es lo habitual, ni mucho menos tres o más, como cuando algunos diputados tienen urgencia de conocer algunos temas y presionan para que se sesione con mayor frecuencia.
El martes 4, con más de dos horas de retraso sobre la hora convocada, continuó la sesión ordinaria 24 que inició a principios de agosto. El primer punto de la agenda era la aprobación en tercera lectura de la Ley Contra la Corrupción o Contra el Enriquecimiento Ilícito, la cual se aprobó rápidamente con el voto de la mayoría de diputados presentes.
Estaba dado el primer paso, luego venía la aprobación por artículos y la de su redacción final. Eran momentos tensos, en los que había que estar muy atentos, porque es ahí cuando los diputados pueden hacer las llamadas enmiendas de curul y en un descuido, cambiar el espíritu de la ley. Se había escuchado de tres enmiendas, dos relacionadas a mejorar la redacción del artículo que habla sobre la responsabilidad penal de las personas jurídicas y del que tipifica el delito de tráfico de influencias. Otra más en la línea de institucionalizar la Secretaría de Transparencia de la Vicepresidencia de la República.
Para sorpresa de muchos, la enmienda relacionada a las personas jurídicas no fue presentada, la ley se aprobaba rápidamente tal y como estaba redactada en su dictamen. Pero al llegar al artículo relativo al delito de incumplimiento del deber de presentar la declaración jurada patrimonial, todo empezó a cambiar, varios diputados presentaron una solicitud de enmienda para que la pena de ese delito fuera cambiada de prisión e inhabilitación a una pena económica. Empezaba el juego de quitarle los “dientes” a la ley.
En cuestión de una hora ya había sido aprobada la mitad de los artículos y aún con la enmienda realizada el panorama todavía era positivo. Sin embargo apareció LIDER proponiendo una enmienda sin pies ni cabeza, mal redactada, con tachones y en defensa de la misma empezaron sus diputados a hacer uso de la palabra desviando la atención de la aprobación del resto de artículos.
La respuesta del Patriota y sus aliados fue hacer caso omiso a la enmienda solicitada, pero pidiendo a través de una moción privilegiada la alteración del orden del día, incorporando una nueva agenda dentro de la agenda. Nos dejaron con los “colochos hechos” esperando la aprobación de los artículos que faltaban y de la redacción final de la ley.
Y aun sabiendo que se había ampliado la agenda, únicamente tocaron uno de los nuevos puntos y declararon un nuevo receso sin que se continuara el jueves, pues el presidente Gudy Rivera estaba de viaje. Como si no tuviéramos una junta directiva con tres vicepresidentes que pueden sustituirlo y seguir con el trabajo.
Esta historia se repite muchas veces con temas importantes, da mucho coraje pero la historia debe cambiar. ¿Y cómo va a cambiar? Con la participación activa y honesta de los ciudadanos que dejemos atrás la polarización y división, actuando como una sola Guatemala, unidos en una misma visión de progreso y de paz para todos. Antes, no va a cambiar.