Ileana de la Guardia pide más presión


Raúl Castro (I), presidente cubano, recibió esta semana al primer ministro de Granada, Tillman Thomas. FOTO LA HORA: AFP ADALBERTO ROQUE

Ileana de la Guardia, cuyo padre, el coronel Antonio de la Guardia, fue fusilado junto a otros tres oficiales en 1989, reclamó «mayor presión internacional» para que el régimen de los Castro, confrontado a huelgas de hambre de disidentes, libere a los presos polí­ticos.


«Lo más importante es que la comunidad internacional presione al régimen de La Habana», dice en una entrevista con la AFP Ileana de la Guardia, de 45 años, exiliada en Francia desde 1991.

Reaccionando a la muerte el 23 de febrero del preso polí­tico Orlando Zapata en Banes (este de Cuba), tras dos meses y medio de huelga de hambre, y a la protesta que inició el periodista Guillermo Fariñas en Santa Clara (este), De la Guardia ve allí­ «una acción de valentí­a».

«Poner en peligro sus vidas, hacer un gesto para movilizar a la opinión pública internacional y que ésta presione al gobierno cubano es un gesto de valentí­a», asevera.

La madre de Zapata denunció que su hijo fue objeto de torturas, pero Fidel Castro y su hermano Raúl, que le sucedió en 2008 en la presidencia de Cuba, negaron rotundamente que en las cárceles del paí­s se aplicaran apremios ilegales.

Ileana de la Guardia admite ignorar si en las cárceles de su paí­s se aplican «torturas fí­sicas», pero denuncia tormentos de otros tipos.

«Hay torturas en Cuba, las torturas que saben hacer, una tortura humillante, aplicando métodos de presión psicológica y familiar»; no son forzosamente «torturas fí­sicas, pero la tortura psicológica se convierte en fí­sica de una manera», afirma.

La disidencia asegura que en la isla comunista hay no menos de 200 presos polí­ticos. Amnistí­a Internacional elaboró una lista con 65 prisioneros de conciencia, uno de los cuales era Zapata.

«El régimen cubano no es un régimen dócil con el que se puede negociar fácilmente, pero los paí­ses que tienen contacto con Cuba tienen que presionar», sostiene De la Guardia.

Los prisioneros «sienten que haciendo estas acciones van a lograr que los paí­ses democráticos hagan entender al gobierno cubano que tiene que liberar a los presos polí­ticos y que tiene que hacer ciertos cambios», añade.

De la Guardia lamentó que el régimen de la isla se justificara ante la población de dejar morir a Zapata explicando que se trataba de un preso común «maquillado» de prisionero polí­tico.

«Siempre utilizan la misma excusa para justificarse ante la población. Hicieron lo mismo con mi padre (Antonio, fusilado en 1989). En vez de decir que habí­a disidencias en el seno de las fuerzas armadas, dijeron que era un narcotraficante», recuerda.

«La calumnia del régimen es el resultado de muchos años de totalitarismo. Al igual que la mentira», afirma, en referencia a la columna publicada por Fidel Castro en la que aseguraba que en Cuba nunca se ordenó el asesinato de un adversario.

En Cuba «jamás se torturó a nadie, jamás se ordenó el asesinato de un adversario», afirmó Fidel Castro.

«Â¿Entonces el «caso Ochoa» qué fue?», pregunta De la Guardia al evocar el fusilamiento de su padre y otros tres oficiales de alto rango en 1989, entre ellos el general Arnaldo Ochoa, «héroe de la revolución», al cabo de lo que los analistas calificaron como «el último juicio estalinista» del mundo occidental en plena perestroika y a pocos meses de la caí­da del Muro de Berlí­n.

Estas muertes marcaron un antes y un después en el régimen de los Castro, así­ como dejaron en evidencia, puntualiza De la Guardia, «la brutalidad con la cual Fidel y Raúl ejecutan personas que habí­an estado al servicio de ellos».

Ese fue el punto de ruptura para Fariñas: «En 1989, con el fusilamiento de Ochoa, rompí­ del todo (con el régimen). Desde entonces no me he callado y no me voy a callar hasta que muera», dijo el disidente en huelga de hambre, en una entrevista publicada el miércoles por el diario español El Paí­s.