¿Juicio político o suciedad política?


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En varias ocasiones los más distinguidos y conspicuos periodistas y columnistas de Guatemala se han referido a la interpelación o «juicio político» que contempla sabiamente nuestra Constitución pero que aquí se ha convertido, particularmente en los últimos años, en un juego sucio, en un chantaje, en una payasada y en una forma más de matar el tiempo inútil de los diputados que deberían dedicarse a asuntos más importantes.

Héctor Luna Troccoli


El juicio político o interpelación establecido en la Constitución en sus artículos 166 y 167, se ha convertido últimamente en un acto de show barato, inútil y totalmente desfigurado de su inicial concepción. Y no me refiero a lo bochornoso del último caso grotesco sino a la institución constitucional como tal, en cuanto a su objetivo y principios jurídicos, éticos y morales.

Para dar una explicación del asunto y sobre todo para que lo entiendan los diputados de hoy, ayer y mañana, la interpelación nació en el siglo XV en el Reino Unido  y en Estados Unidos después, con el nombre de «impeachment»  que literalmente quiere decir «BOCHORNO». El artículo primero de la Constitución de Estados Unidos lo contempla para que la Cámara de Representantes pueda juzgar a funcionarios que han cometido delitos graves.

El caso es que mientras aquí el «impeachment» parece una cosa de payasos, en Estados Unidos es verdaderamente un JUICIO POLÍTICO que NO se utiliza para estar jodiendo a medio mundo, y la prueba evidente de ello es que en casi 300 años únicamente han existido CATORCE PROCESOS POLÍTICOS A NIVEL FEDERAL, de los cuales la Cámara de Representantes, que es la que juzga, ha emitido cuatro sentencias condenatorias; asimismo, únicamente dos presidentes, Bill Clinton en 1998 y Andrew Johnson en 1868, fueron juzgados, en tanto Richard Nixon renunció antes de que se le sometiera al juicio político.
 
Hago esta comparación por la necesidad de hacer ver que aquí y en muchos países la interpelación no es una forma de perder el tiempo y tomarle el pelo a la población, ni menos aún de ser un revanchismo político que lleva buenas dosis de chantaje y de paralizar las labores legislativas que de por sí, son posiblemente de las peores del mundo, no solo de América Latina porque los diputados se dedican a cosas no trascendentes sino a politiquería barata.

Creo firmemente en el juicio político o interpelación establecida en nuestra Constitución, pero debe dársele la importancia que merece y por temas que también lo ameriten. En los últimos 25 años creo que si mucho unas dos o tres interpelaciones han tenido contenido político y han cumplido con los fines que la Constitución establece, fuera de que el fin último de ésta es darle un voto de falta de confianza al funcionario encontrado responsable, con el agravante de que el Presidente, en Consejo de Ministros, si tal cosa sucediera, puede rechazar el voto de falta de confianza que implicaría la renuncia del funcionario «condenado».

La interpelación debería ser, fundamentalmente, un verdadero instrumento de democracia utilizado para casos graves como lo es en otros países; sin embargo, en Guatemala es «el desfile de los payasos» y más debía avergonzar a quienes lo piden sin razones, pruebas, bases y fundamentos, pero por sobre todo, con la verdadera intención de utilizarlo para lo que fue creado. Y para aquellos «particulares chapines negativos, pendejos y malpensados» debo advertir que NO CONOZCO, NI JAMÁS HE HABLADO CON EL MINISTRO DE FINANZAS ACTUAL, NO SOY PARTE DE ESTE GOBIERNO Y MENOS AÚN SOY UN PERIODISTA FAFERO, defiendo nada más una institución constitucional que es sustento de la democracia y que como tal debe ser usada.

Aparte de lo anterior, a nadie escapa lo poco o nada que trabajan la mayoría de diputados  y los graves problemas que el país afronta, así como leyes que urgen ser aprobadas como para seguir perdiendo el tiempo en sandeces que no conducen a nada y que últimamente parece ser a lo único que PUEDEN dedicarse los llamados padres de la patria, sin importarles a quiénes o a cuántos joden. Para eso hay dos caminos, o que se queden en su casa o que se inicie una nueva depuración para salir del maíz picado que sería mucho pero que alimentaría a muchos  otros animales que los necesitan.

Si a esto agregamos que los propios miembros del Legislativo se siguen pasando por el arco del triunfo nuestra Ley Suprema, es hora ya de cambiar el Estado político del país convirtiendo ese Congreso inútil en una cámara bilateral o bien renovando la mitad de sus miembros cada dos años. Tal vez no terminan nuestros males pero se hacen menos visibles y sobre todo menos dañinos para el país

LO CÍCLICO Y LO CÍNICO. Funcionarios de gobierno y sus siempre cuates, los millonarios, siempre dicen que el aumento de precios es un fenómeno cíclico, aunque para mí es cínico según las leyes del sentido común. ¡Qué huevos!