Al igual que miles de guatemaltecos que se han manifestado a través de Internet y en los medios radiales y televisivos, me siento hoy indignado, avergonzado y enojado ante una nueva vejación que se comete en contra del expresidente Alfonso Portillo Cabrera.
jfrlguate@yahoo.com
El permitir que en violación al tratado de extradición vigente entre Guatemala y Estados Unidos, aplicando un delito que no está previsto y recurriendo a la argucia de invocar una convención donde Estados Unidos no es suscriptor, de forma vergonzosa han trasladado a Alfonso hacia Estados Unidos.
Qué indignante que Guatemala y sus autoridades permitan que nos traten como papel toilette, que como consecuencia de una represalia, producto de las negociaciones y entendimientos entre los exembajadores Hamilton, McFarland y el subsecretario Otto Reich, radical y nefasto personaje, en combinación con los Gutiérrez, que no perdonan que durante nuestros cuatro años de gobierno no se les aceptó poner a uno de sus subordinados como Ministro de Economía (como actualmente lo es el ministro De la Torre) y tampoco se aceptó esquilmar al pueblo de Guatemala a través de los exagerados precios de pollo, huevos, concentrados, harinas, como lo hicieron anteriores y subsiguientes gobiernos, estos indignos personajes continúan tratando de destruir y doblegar a un hombre del pueblo, que durante cuatro años se dedicó a buscar el bien común, prueba de lo cual fueron los reajustes del salario mínimo, la creación de la tarifa social eléctrica, el control de la canasta básica y el mantenimiento estable de los precios de los combustibles, para solo citar algunos ejemplos que ningún otro gobierno ha emulado.
La persecución en contra de Alfonso la inicia el exejecutivo de la Cámara de Industria, Ricardo Sagastume, secundado por Alfredo Skinner Klee, quienes improcedentemente logran que se retire el antejuicio que gozábamos como presidente y vicepresidente incorporados al Parlamento Centroamericano, como actualmente están quienes fungieron en estos puestos en el gobierno anterior sin que nadie ahora proteste.
Qué vergüenza la que siente la gran mayoría del pueblo de Guatemala ante el proceder de Álvaro Colom, en lugar de ser gavilán como él pretende, evidencia ser zopilote, alimentándose de carroña y de inmundicias y, a pesar de los muchos beneficios políticos que recibió de Alfonso, ni siquiera fue capaz de respetar y exigir las precondiciones que la Corte de Constitucionalidad impuso al Presidente para poder otorgar la extradición de Portillo, hecho que en ningún caso alguien con un poco de dignidad puede consentir.
Como todos sabemos, tarde o temprano, la maldad se paga, las facturas se nos presentan a nosotros o a nuestra familia y ese inmenso dolor que le han producido a la señora madre, a las hijas, a Evelyn y demás miembros de la familia Portillo se revertirá y quienes hoy consintieron y permitieron esa afrenta en contra de la gran mayoría de guatemaltecos lo tendrán que pagar.
Qué poca dignidad la de los abogados que como jueces o miembros del Ministerio Público han obrado en este proceso porque ellos saben que han violentado la ley.
Los años de cárcel, los años de vejación que Alfonso ha sufrido, el deterioro de su salud no lo menoscaban, por el contrario, lo enaltecen, porque los guatemaltecos en su mayoría saben que todo lo que se hace en contra de Alfonso es injustificado; por ello, nuestro enojo se mantiene, crece y aunque no podemos culpar al pueblo norteamericano, sí debemos culpar a los esbirros de ambos países que han procedido y actuado en contra de Alfonso.
¡Guatemala es primero!