Deja mucho en qué pensar que nuestros gobiernos de la noche a la mañana se pongan a lanzar proyectos de diversa índole únicamente basados en generalidades, sin ninguna sustentación seria y formal, sino simplemente con la idea de “ver qué sale”, “a ver qué dice la gente” y a la primera objeción recibida esgriman argumentos como el de “que en el camino se arreglan las cosas”.
fracaceres@lahora.com.gt
Actitudes como estas, por lo regular provocan una tremenda agitación en el cotarro nacional, incluso luchas y peleas de poder, para que finalmente concluyamos en la mala costumbre de improvisar políticas públicas que no alcanzan a satisfacer el objetivo final del Estado, que no es otro que el de lograr el bien común.
No concibo que haya sido tan volátil el pensamiento de nuestro nuevo Presidente para contradecir lo que apenas pocos meses antes había asegurado, que nuestro país no estaba preparado para afrontar el cambio de ponerse a “despenalizar las drogas”, contradiciendo la postura de los también postulados presidenciales Caballeros y Suger y, que ahora diga todo lo contrario. Si bien es cierto que no es lo mismo ser candidato que Presidente en funciones, no es consecuente haber formulado tal propuesta, pues lo único que ha logrado es sembrar el conflicto de opiniones entre la población, en vez de proponer algo positivo para combatir la corrupción en el país y no un distractor sugerido por un trasnochado asesor mediático con el fin de alivianar la presión popular, la que ya empezó a exigirle el cumplimiento de sus promesas electorales.
También es notorio observar, dentro del mismo giro de políticas públicas, que a estas alturas todavía no se hayan definido claramente las funciones, obligaciones y atribuciones de los gobernadores departamentales, como que sigan siendo nombrados atendiendo solo a la inveterada preferencia política partidaria. Resulta inconcebible pues, que todavía se ocupen cargos públicos sin la correspondiente brújula que orienten su gestión administrativa, congruente con los objetivos del gobierno central. ¿Es que los gobernadores solo son útiles para atender desordenadamente peticiones de ayuda económica, de comida para los necesitados, conceder materiales para obras públicas y tantas más necesidades de la población, en vez de contribuir a desarrollar una administración pública ordenada, con claros y bien definidos objetivos?
Fue notorio observar durante la campaña electoral que el ahora Presidente se rodeaba de un grupo de personas que aparentaban estarlo orientando, no solo en cómo llegar a ocupar la primera magistratura, sino el qué, cómo y cuándo se iban a dirigir los destinos de la nación. ¿Qué pasó entonces?, ¿tan luego se apartaron de las ciencias y técnicas que determinan cómo conducir eficazmente a un buen gobierno? Definitivamente, no queremos estar frente a otro capitán de barco, como aquel de apellido Schettino, quien al nomás partir del puerto fue a encallar su barco. Ojalá que esté equivocado y solo esté viendo micos aparejados.