Los medios de todo tipo están atestados de noticias referentes a la muerte de Hugo Chávez, lo que negaron y escondieron con todo tipo de escusas, mentiras y leyendas pasó finalmente. No se sabe si ayer o hace varios días murió Chávez en un hospital de la capital venezolana.
El legado del Comandante solo tiene luces si el análisis se hace desde el punto de vista político porque es indudable que políticamente Chávez tuvo un arrastre descomunal ante una población sumida en la pobreza que llevaba muchos años abandonada por la falta de oportunidades y que ante su precaria situación las limosnas de un dictador democrático se convierten en el remedio temporal de una enfermedad de la que solo se puede curar en verdad con trabajo y producción. En cambio desde el punto de vista económico y de desarrollo las sombras son evidentes para el más optimista de los analistas y parecen tinieblas cuando se ahonda un poco en los números del legado del bautizado Socialismo del siglo XXI.
La herencia es aterradora y por lo que se puede ver la imagen de Hugo Chávez no está cerca de desaparecer del panorama político de Venezuela. Mucho menos desaparecerán rápidamente los efectos nefastos de su largo período en el poder. Una falta de empleo enorme como no sea en la planilla clientelar de las instituciones públicas, que al día de hoy algunas notas de prensa calculan en 2.5 millones de personas y que fueron en esencia la columna vertebral electoral del comandante en todas las elecciones que participo. Esa base electoral tremendamente fiel a su patrono es muy importante si tomamos en cuenta que Venezuela tiene un padrón total de aproximadamente 19 millones de personas aptas para votar.
Una moneda raquíticamente débil, que sufre tremendamente las devaluaciones violentas de las que es objeto tal y como sucedió hace unos días cuando los chavistas se vieron obligados a devaluarla más del 30% de un sopapo y aún se encuentra 400% por debajo del precio del dólar en el mercado negro.
Una inflación desagradablemente alta, por encima del 25%, que hace añicos la planificación económica de cualquier empresario y que por ende ahuyenta a gritos la inversión en el país. Los números en cuestiones de emprendimiento son escalofriantes. En el gobierno de Chávez han cerrado 117 mil empresas, el 15% de todo el parque empresarial. Empresarios quedan pocos, me refiero a los verdaderos y no aquellos que han preferido unirse a la piñata del gasto público. De los empresarios de verdad han emigrado medio millón de venezolanos educados y por su puesto han salido con todo y su capital a buscar mejores destinos. La agricultura y la ganadería no están nada bien, Venezuela importa en este momento el 70% de sus alimentos. El otrora mayor productor de petróleo de Latinoamérica tiene ahora cortes constantes del fluido eléctrico.
La corrupción es terrible, de acuerdo a Transparencia Internacional, Venezuela es el país más corrupto de Latinoamérica y eso que nuestra región no es precisamente lo más pulcro en este aspecto. Esta calificación, además, no toma en cuenta toda la corrupción clientelar que existe en la política exterior venezolana que reparte a manos llenas el producto de su actividad petrolera a distintos países a cambio de prácticamente nada. Principalmente a Cuba, su mejor y más cercano aliado político internacional que le manda a unos cuantos médicos a ejecutar programas sociales a la población venezolana y que, además, le presta servicios médicos de “primera” a su caudillo a cambio de un impresionante aporte económico en efectivo y en especie que mantiene a flote la precaria economía de la isla. Los nuevos ricos de Venezuela son los de la rosca, los parientes, los aliados y los amigos que no se han ganado su fortuna sino la han robado.
¡Hasta la victoria siempre Comandante! ¿De qué victoria hablaba Comandante, si nadie ha ganado nada?