Por lo que veo y oigo en las noticias, las cosas no van nada bien. Retrasos en la Corte Suprema de Justicia para elegir al próximo presidente por el término de un año. Falta de valor civil, pérdida de tiempo, desorganización institucional y mucha confusión con respecto a la verdad verdadera del interés por dirigirla.
¿Por qué siempre así? NO CABE DUDA, los intereses de los poderes fácticos en Guatemala son tan inmensos que no cejan un ápice en el control del mismo; una vez reconocidos los dos bandos representantes de los bandos de los dueños del país, valdría la pena conocer los negocios que cada uno de ellos realiza utilizando la estructura estatal para la realización de sus negocios.
No sólo las medicinas son o pertenecen al rubro más codiciado de venta, también la maquinaria industrial y agrícola, la importación de vehículos, permisos de aeronáutica, licencias de explotación de minerales no renovables, licencias, concesiones y contratos de servicios al Estado, son los negocios que bajo el manto de la “justicia” o de la ley, se efectúan en Guatemala por los sempiternos dueños del capital económico.
Quienes llegan a ocupar puestos en el Gobierno o de representación popular, como políticos, funcionarios, empleados y/o contratistas, son seres humanos como cualquier persona en este planeta: sangran, se enferman, se equivocan, tienen defectos y virtudes… pero, al llegar a ejercer cierto grado de poder, algunos pierden el equilibrio y se transforman, como si un manto mágico los cubriera de impunidad, agregándoles el certificado de “semidioses” lo cual les hace actuar a su antojo con su lógica común –según ellos– lo que es mejor… no para los demás, para el pueblo, para la sociedad, sino sólo para ellos.
Y esa transformación inmediata sucede sin previo aviso, de un momento a otro; lo bueno, formal e íntegro de un representante, nuevo funcionario o empleado público se modifica en malo, poco ético e informal, haciéndose parte de un grupo adicto al poder y a las farsas; como si fueran “semidioses” (Pseudólogos/Mendacium de la mitología grecorromana) que personifican a las mentiras y las falsedades casi todos son confeccionados por un alfayate invisible de la misma forma y estilo, aunque pertenezcan a diversos estratos económicos, sociales, sectas religiosas o tribus.
Otras características, además, son la apariencia, la omnipresencia, la sabiduría y la implacable audacia para decir cualquier mentira y transformarla en una “verdad” aparente. También algo que poseen en forma oscura es la capacidad para infundir miedo a los subalternos quienes con sólo el chasquido de sus dedos se convierten en camaleones y forman parte del paisaje, sin modificarlo, tratando de permanecer el mayor tiempo posible en el cargo.
Además, tienen una especial adicción al dinero pues con anterioridad no tuvieron la oportunidad de tener un sueldo o salario holgado y, sin importar cuál sea su forma de obtenerlo, tienen “olfato” para conseguirlo; el “cómo” es lo de menos para ellos. En fin, el drama es su mejor forma de actuación para lograr lo que les sea necesario.
Nuestro país necesita de una revalorización humana; es decir, que los representantes, funcionarios y empleados del Estado sean personas honradas, sin pasado delictivo, sin señalamientos de corrupción y mucho menos exconvictos; tal y como sucede en la actualidad con personas que ejercen puestos de dirección, ejecución y planificación del presupuesto nacional.
¿Habrá esperanza, para que este orden de cosas cambie en Guatemala? ¿Será posible que los partidos políticos, cuenten con personas honradas para el desempeño de cargos públicos cuando lleguen al ejercicio del poder? Oj Alá.