Igual a ella misma


Jody

“Estoy listo para morir…”. Eso sentenció un hombre que hace tres años trabajaba como taxista y luchaba por su familia. Guatemala es sólo igual a ella misma. Eso dijo Miguel Ángel Asturias, en Pórtico, del libro El espejo de Lida Sal.

Hace tres años una mujer joven abordó un autobús que se dirigía a Ciudad Quetzal; dejó una mochila en el suelo y bajó por la parte de atrás.

JODY GARCÍA
yojody@gmail.com


A eso de las cuatro de la tarde, en un abrir y cerrar de ojos, una llamada telefónica activó un cable que desató la explosión.

Lo que sucedió después no puede recordarse sino como el horror: Fuego, gritos, dolor, resignación… Muerte. Todo cupo en un autobús que condujo injustamente a nueve de sus pasajeros al final de su vida.

Como un huracán, la explosión también arrasó con la vida de muchas familias. Jorge Efraín Cac tuvo que enterrar a su familia entera: tres hijos y su esposa. Patricio Plata Barrientos tuvo que dejar ir a su esposa, que ese día por la mañana antes de despedirse le recordó que lo quería.

Y dentro de todo el dolor, uno de ellos, o tal vez los dos, solo querían entender cómo sucedió todo. Nunca pensaron, como yo y quizá como otros, que una bomba contenida en una mochila podría explotar con una llamada telefónica; y menos aún que la misma saliera desde la cárcel.

Nunca imaginaron que unas personas serían capaces de matar a otros seres humanos de esa forma. Sin embargo, formularon sus propias teorías. En ellas hay maldad y hay corrupción.
   
Las cosas que aquí suceden no sorprenden, es Guatemala. Se revienta el desconcierto, la compresión no siempre llega de solventar las dudas sino también de hacer conjeturas y suposiciones.  Por eso es necesario entender. Eso dijo Cac, que durante mucho tiempo tuvo las preguntas golpeando como un martillo su cabeza.

Por eso también dijo que quería llegar al final de esto, para comprender. Dejar  el desconcierto, darle forma y nombre a cada uno de los pasos del plan macabro de unos pandilleros  que buscaban causar terror y que durante el juicio en su contra parecieron no sentir.

Y lo logró. Durante el juicio por la explosión, el debate por los muertos y los heridos, lo comprendió todo. El Ministerio Público, como rompecabezas, presentó las pruebas, y una por una, estas se fueron hilvanando.

Y cuando él entendió, yo también lo hice. “Guatemala sólo es igual a ella misma. Presencias y ausencias misteriosas. Lo que calla el enigma. No hace falta leer los jeroglíficos. Se leen las estrellas.”

En el suelo de este mundo, de esta  Guatemala, hay sangre de miles de personas inocentes. Presencias y ausencias misteriosas que llevan en sus manos sangre de esas vidas.

Guatemala, igual a ella misma. Un país con explosiones, convulsiones y planes macabros no solo de pandilleros, sino también de algunos funcionarios que se roban el dinero del Estado.
 
Acá la justicia se escribe con palabras confusas que tratan de ocultar aquellas palabras con las que se pacta la forma de administrarla. La impunidad se vuelve un jeroglífico que todos vemos, pero  que pocos o casi nadie sabe descifrar.

Guatemala es igual a ella misma, y a diario se repite, y se repite. Explosión eterna de dolor, confusión e impunidad.