Nuestras autoridades llevan tiempo de perderlo lastimosamente con su mal llamado combate a la delincuencia, más ocupados en comprar uniformes para los policías, pistolas, cámaras, ametralladoras, patrullas y cuanta cosa se les ocurre para aparentar estar librando batallas inteligentes, porque así lo prometieron en su campaña electoral, ¿pero qué hacen para prevenirla? Por ejemplo, ¿qué están haciendo para que nuestra niñez y juventud deje de tener un pie sobre una cáscara de banano y el otro sobre el precipicio de la delincuencia? ¿Por qué no entrarle de lleno a brindarles buena educación y sobrada capacitación que les abran puertas para lograr empleos, además de sólida formación en valores y principios?
Si bien es cierto que los guatemaltecos hallamos establecimientos comerciales o artesanales que realizan actividades de ventas y prestación de servicios, también es verdad que la economía ilegal y también llamada informal los ha superado considerablemente. Por todas partes se comercia con productos de contrabando, se venden celulares y servicios para los mismos, repuestos y accesorios robados para vehículos, no digamos el expendio libre de todo tipo de drogas o estupefacientes. Ahora bien, ¿quiénes conforman la mayoría de sus consumidores?, ¿acaso sus clientes no se transforman automáticamente en transgresores de la ley?
Mientras los gobiernos siguen con sus prácticas clientelares de regalar bolsas con alimentos, nos preguntamos ¿cuándo será el día que premien a las familias de escasos recursos con “bolsas de estudio” para que a sus hijos no les falte absolutamente nada mientras están dedicados a aprender? Antes, abundaban herreros, plomeros, albañiles, electricistas, sastres, en fin, sinnúmero de obreros que nos sacaban de penas para cuando algo fallaba en nuestra casa. Ahora, cuesta un bigote encontrar gente capaz, honesta y confiable para que nos faciliten servicios que llevan intrínseca la categoría de indispensables.
En nuestro país sigue siendo valedero el enseñar a pescar y no solo regalar pescados. Eso no es una utopía. Por ello, la creación del Ministerio de Desarrollo Social no era mala idea si sus políticas de servicio a la comunidad hubieran estado orientadas a prevenir la delincuencia. Porque ya es hora de dejar de estar desarrollando politiquerías para que sirvan solo de vehículo para hacer buenos negocios o para ponerse a regalar pelotas, bolsas seguras y tantas cosas más como parte de la extensión del proselitismo político electoral.
Nuestras autoridades deben tomar en cuenta que los delincuentes se pintan solos para alcanzar sus objetivos, pues han demostrado que son capaces de introducir hasta por las orejas a sus pupilos, por las buenas o por las malas, que el crimen reditúa beneficios en dinero, en comodidades o diversiones, que de otra manera son mucho más trabajosas de lograr. Nuestro gobierno está metido en una encrucijada o busca soluciones de largo plazo y combate hoy eficazmente a la delincuencia o seguirá solo perdiendo tiempo y el dinero de nuestros impuestos sin buenos resultados.