Tenemos en este momento ejemplos claros de las devastadoras crisis que pueden causar los altos niveles de endeudamiento estatal y resulta sumamente incómodo y difícil tener discusiones racionales acerca de cómo manejar las políticas de endeudamiento de los gobiernos cuando existe la presión social y política que generan esas crisis. Negociar las soluciones de estas situaciones tiende a generar extraordinarios momentos de intranquilidad para la población que lo demuestra con paros, revueltas y propuestas, pero que sobre todo lo sufre con historias dramáticas de pobreza y quiebra a causa de climas poco favorables para la inversión y el empleo.
Qué agradable es escuchar historias de éxito y superación, pero el sentimiento contrario aflora cuando lo que se escucha a diario son anécdotas de retrocesos y pérdida de valor. Los países del primer mundo que en estos momentos se encuentran enfrentando el difícil desafío de darle soluciones a las catástrofes ocasionadas por el endeudamiento tienen como principal reto el de cambiar la vida de sus habitantes. La vida cambia, porque para solucionar la crisis hay que pagar el costo y eso regularmente resulta en cambiar la forma y la cantidad del consumo, gastar menos, vivir en una casa más modesta, comer menos y con menor calidad, descansar menos, trabajar más, retiros truncados, placeres solo de recuerdo.
El asunto es que los países que hoy pasan por esas crisis tienen herramientas mucho mejores que las nuestras para enfrentarlas, por lo que no quiero ni imaginar cómo nos iría a nosotros. Por eso es importante ponerle atención al crecimiento de la deuda y además de ver la cantidad hay que ver la velocidad con la que crece, porque en menos de lo que canta un gallo nos podríamos encontrar en la misma situación que los países que hoy ocupan titulares a diario. Pero la situación sería muchísimo peor, porque lamentablemente solo se sale de esas situaciones pagando los elotes y aunque hay varias maneras de pagarlos todas son dolorosas. ¿Cómo decirle a un niño que come dos tortillas diarias que por la situación tiene que recortar su ingesta a la mitad? ¿Vivir en una casa más modesta? ¡Pero si nunca he tenido casa! ¿Posponer mi retiro? ¿Qué es eso?
Ciertamente la deuda de países como Grecia que supera 150% de su PIB es de dimensiones exageradas, pero para no ir tan lejos España y Estados Unidos tienen alrededor del 60% de deuda en relación al PIB. Nosotros estamos alrededor de 30%, pero la pregunta es hasta dónde queremos llegar antes de que sea virtualmente imposible tener una discusión de los efectos negativos que esta deuda tiene sobre nosotros los guatemaltecos. Si en algún momento dado llegamos a esos niveles de deuda, la discusión aquí será a balazos, porque cuando la tripa aprieta las emociones afloran y es muy peligroso discutir de deudas cuando el corazón está presente. Es normal escuchar a analistas decir que el nivel de deuda de Guatemala no rebasa los niveles críticos y que no hay ningún problema con mantener los niveles de endeudamiento que tenemos. Yo pienso distinto, creo que cuando dentro de diez años busquemos responsables, igual de responsables serán los que nos endeudaron por los primeros Q100 mil millones que los que nos endeudaron por los segundos Q100 mil millones, porque para fines prácticos lo que se deberá serán Q200 mil millones sin importar quién o en qué fueron gastados, malgastados o robados, el pasivo que tendremos encima habrá que pagarlo de una manera o de otra. Lo peor del caso es que los responsables finalmente somos nosotros, porque nosotros elegimos a nuestras autoridades y les facultamos para que puedan endeudarse en nuestro nombre y con nuestras billeteras. Si queremos solucionar el problema debiéramos de quitarles a nuestros gobernantes esas facultades, porque está más que probado que gastar con plata de otro es mucho más fácil que con la propia. ¡Qué se endeude Chon con su tarjeta, que se endeude María con la tía, pero el gobierno y su jauría que paren esta orgía!