Aclaro desde ya, que no pertenezco a partido político alguno, pero me da asco ver la forma en que estos sujetos muertos de hambre políticos, traicionan los conceptos básicos de LEALTAD hacia determinada organización partidista, sea cual sea; lo que los pinta como verdaderas sanguijuelas políticas.
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Así como se oye, los diputados tránsfugas electos en los pasados comicios generales, han traicionado a su pueblo elector de la manera más burda, tosca y grosera que pudieron imaginarse quienes en ellos confiaron para legislar sobre determinada plataforma ideológica.
Es cierto, no son niñitos de primera comunión, pero algún atisbo de honradez y decencia debieron haber tenido hacia sus electores, pues no es posible que sin haber tenido una reunión plenaria, indiquen que su cambio obedece a cuestiones ideológicas, lo cual aparte de ser absurdo los coloca en el papel de hipócritas, pues no es justo que cambien de “ideología†como cambiarse los calcetines; cabe preguntarse entonces: ¿para qué tanta babosada de proselitismo, campaña, ofrecimientos, ataques verbales a los contendientes ideológicos de otros partidos, si al fin y al cabo, una vez electos se van con el mejor postor político?
Lo anterior demuestra a la población, que al Congreso de la República lo convirtieron en una cueva variopinta de traidores que así como cambian de ideología, así serán “susceptibles†de cambiar opinión cuando tengan que votar por alguna ley de beneficio popular, estatal o nacional; todo dependerá de la cantidad que ofrezca el jefe de bancada, líder, adalid o simplemente jefe o patrón.
Los abyectos, por ambición al dinero obedecerán y/o seguirán las instrucciones de los verdaderos dueños de Guatemala, agachando la cabeza, sin dignidad, sin decoro y sin el respeto de sus patrones y mucho menos del pueblo elector. Abiectus, deviene de la palabra latina abiicere, que
significa: rebajar, envilecer; es un adjetivo calificativo que denota a una persona como despreciable, vil en extremo.
He ahí a tus hijos, pueblo de Guatemala; los representantes en quienes depositaste tu confianza para la propuesta, discusión y elaboración de leyes que mejoren tu vida diaria en el campo y en la ciudad; los elegiste sin saber que eran personas a quienes en sus familias no les educaron con valores humanos, morales y mucho menos éticos. ¡Pero son tus hijos! Ya tú sabes qué clase de hijos…
En fin… hay un ciento y medio de esas alimañas –no todos por supuesto, porque toda regla tiene su excepción– que ya principiaron a gozar de privilegios para ellos desconocidos durante toda su vida, aun los imberbes; que han llegado a aprender el “modus operandi†para hacerse nuevos millonarios a costa del dinero del pueblo.
¿Y LOS 82 MILLONES HUEVEADOS? ¿SE IRíN A QUEDAR EN EL OLVIDO? ¿O LOS REPONDRíN CON LOS 82 MILLONES AHORRADOS EL Aí‘O PASADO?